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La obesidad tecnológica

La obesidad tecnológica

¿Le preocupa el uso que su hijo hace de ordenadores, tablets, teléfonos móviles…? ¿Había pensado alguna vez en una pirámide de necesidades tecnológicas? Si usted está preocupado por estos aspectos, no dude en leer este artículo.

En abril de 2006, publiqué un artículo bajo el nombre “TIC y Educación”. En este artículo, citaba a Roger Bacon quien aseguraba en el siglo XII que  “Llegaremos a poder construir máquinas con las cuales podremos impulsar grandes barcos con mayor velocidad que toda una guarnición de remeros, y con las cuales sólo se necesitará un piloto que gobierne el barco; impulsaremos carruajes con velocidades increíbles, sin la ayuda de ningún animal y construiremos máquinas que, por medio de alas, nos permitirán volar en el aire, como los pájaros”. Me permitía la licencia a adaptar este texto casi profético del franciscano inglés al presente y transformarlo cambiando algunas palabras: “Llegaremos a poder construir máquinas con las cuales podremos impulsar grandes conocimientos con mayor velocidad que todo un colectivo de maestros, y con las cuales sólo se necesitará un maestro experto, usuario y conocedor que acompañe y guíe a sus alumnos; impulsaremos aprendizajes con dimensionesincreíbles, sin la ayuda de ninguna poción mágica y construiremos máquinas que, por medio decablesconexiones wifi, software…, nos permitirán volar en el aire, como los pájaros”. Diez años después, seguimos viendo cómo este texto sigue siendo actual, y no sólo eso, sino que además, todo lo tratado en él no ha hecho más que crecer exponencialmente. Me quedaría sobre todo con el concepto velocidad. Y es que así es. La vida en la red va a toda velocidad. En un minuto suceden cosas asombrosas en Internet. En un único minuto (posiblemente el tiempo que haya tardado desde que ha hecho clic en el vínculo a esta entrada hasta llegar hasta este punto de lectura) se produce una actividad frenética en la red. En Youtube se suben más de 30 horas de vídeo mientras que se visualizan 1.3 millones. En ese mismo minuto, Google registra dos millones de búsquedas. Además, em Facebook, 227.000 personas acceden a esta red social que mantiene una cota de 6 millones de usuarios conectados por minuto. En ese minuto suceden más cosas; Twitter cuenta con 320 nuevos perfiles mientras se escriben más de 100.000 tweets.

Son datos asombrosos, al menos a mí así me lo resultan. Pero existen otros datos aún más llamativos: Se invierten 83 millones de dólares (al minuto) en antivirus, se descargan 47.000 aplicaciones (google play, app store…) Cada minuto también, existen 1.300 nuevos usuarios de telefonía móvil con acceso a Internet, y lo que más me alarma: sorprendentemente 20 personas son víctimas de robo de identidad en Internet. Otro dato sorprendente, en 2012, el número de dispositivos móviles se igualaba al total de la población mundial. Hoy, el número de dispositivos móviles doblan el total de la población de la humanidad. Piénselo: ¿tiene usted teléfono móvil?, ¿tiene usted tablet?, ¿tiene usted pc portátil? ¿tiene usted un dispositivo de música tipo iPod? ¿Cuántos tiene su pareja? ¿Cuántos tienen sus hijos? ¿sus amigos? ¿sus familiares? No cabe la menor duda, este número va en aumento.

En abril también, pero en esta ocasión de 2009, publiqué otro artículo, en este caso titulado Introducción a las redes sociales. Les propongo que lo vuelvan a leer. En él resumo brevemente la historia de las redes sociales. Leer la comparación que hacía de mis recuerdos de la película Juegos de guerra de 1987 y poder navegar por primera vez por Internet en 1997, me recuerda a lo que estamos viviendo a día de hoy: vemos nueva tecnología en las películas y, meses después, esa tecnología aparece en nuestras mesas, se adapta como un dispositivo más, pasa a formar parte de nuestra vida cotidiana.

Podríamos seguir alabando el progreso que implican todos los avances de nuestra sociedad y lo importante que éstos llegan a ser, y la intensidad con que según se generan nuevas tecnologías terminan por convertirse en necesidades. Todo avanza muy rápido, todo nos… ¿supera? ¿Y a nuestros hijos? ¿Les supera también a ellos?

Sin duda alguna la incidencia que la tecnología y el modo de relacionarse con la misma y a través de ella que tiene sobre los escolares. De esta preocupación compartida pude desarrollar un pequeño programa con estudiantes de 4º y 5º de Primaria. Redujimos el contenido a dos horas y sólo nos centramos en las redes sociales. Se les presentó a los estudiantes la realidad de las mismas y los peligros que presentan, así como las opciones de privacidad a su alcance para protegerse ellos y proteger su intimidad. Pude observar que prácticamente el 100% de los estudiantes tenían, al menos, un perfil en una red social. Casi la mitad de los estudiantes presentaban perfiles en al menos dos. En torno al 25% de los estudiantes tenían perfiles en tres o más redes sociales. La sorpresa llegó cuando se hizo la pregunta de: ¿tenéis el perfil protegido? ¿Tenéis amigos que no conocéis en la vida real?, ¿enseñarías a tus padres y profesores lo que haces por las redes sociales sin problema alguno? Muchos de los estudiantes dieron respuestas tranquilizantes, pero muchos de ellos, no tenían sus perfiles protegidos, es decir, lo tenían público. Además tenían amigos que  no conocen en la vida real, y la mayor parte de ellos no enseñaría a padres ni a profesores su actividad en las redes sociales. ¿Qué hacemos con esta información? Evidentemente hay que trabajar en ello.

Sin duda alguna, los dispositivos digitales y la red en sí, constituyen un cúmulo de contradicciones: los alumnos tienen todo el conocimiento a golpe de Clic, pero les prohibimos hacer uso de ellos en clase… ¿no sería provechoso? ¿no se distraerían? ¿lo usarían bien?. Se les pide buscar información en Internet, pero o no les damos criterios para seleccionar material y páginas Web, o les damos una Webgrafía, limitando así su aprendizaje procedimental de búsqueda y su acceso al conocimiento. Finalmente, acaban entrando en Wikipedia y asumiendo como verdad absoluta aquello que en esta Web que los propios internautas llenan de contenidos figura. Los dispositivos serán el futuro (seguro que mucho más evolucionados que los actuales) de nuestros estudiantes, cuando sean adultos van a vivir con ellos y va a ser necesario que los manejen para todo: Universidad, trabajo, relaciones sociales, etc., sin embargo, les castigamos sin Internet, sin teléfono, sin tablet… Les estamos privando de tiempo para adquirir competencias y desarrollarse de forma sana de cara a la tecnología, pero claro, si no les limitamos el tiempo, ¿en qué lo van a invertir? ¿van a desarrollar una adicción? ¿Van a acceder a contenidos no aptos para menores? ¿van a delinquir? ¿van a ser objeto de abuso por parte de terceras personas? ¿cómo controlamos su actividad? Los adultos hacemos uso continuo y constante de todos los dispositivos que tenemos a nuestro alcance… ¿cómo podremos convencerles de que ellos no deben hacerlo? ¿Cómo contarles que ellos tienen que tener regulado su uso? ¿Somos adictos los adultos? Y así, los adultos, inmigrantes digitales,  tenemos que enseñar a nuestros hijos, nativos digitales, a navegar por la red. Nuestra lengua materna es analógica, la suya digital y, de la noche a la mañana nos hemos convertidos nosotros, los adultos, en los que debemos enseñar a nuestros menores, a hablar un lenguaje que no es el nuestro materno y sí el suyo… y la gran mayoría de los adultos desconocemos el amplísimo universo que se encuentra ante nosotros, y a la gran velocidad a la que se reproduce.

Hace unos años se hablaba de los tecnofóbicos, de los analfabetos digitales…. A día de hoy casi todos los adultos somos todo lo contrario, más cercanos al abuso que al desuso de la tecnología y muy bien alfabetizados digitalmente, pero nunca hemos sido niños con tecnología, y es imposible que comparemos nuestros juegos de chapas, peonza, escondite, etc., con el potencial y capacidad de los dispositivos digitales.

Permítanme volver a incidir en alguna de las contradicciones de las que hablaba hace apenas unas líneas. Prohibir. ¿Es bueno prohibir? ¿Es recomendable prohibir? ¿Es necesario? Me aventuro a realizar dos interrogantes más: ¿Es ético? ¿Es socialmente responsable? Me remito a tan solo hace unos años, aunque posiblemente el ejemplo pueda ser presente en algunos hogares a día de hoy.¿Quién no ha sido nunca castigado sin postre? Y es un castigo fácilmente comparable con la realidad de la invasión tecnológica a día de hoy. Intentaré explicarme. Cuando hemos sido castigados sin postres, no se nos ha castigado a no comer fruta o beber leche, sino que se nos ha privado de comer alimentos complementarios, es decir, azúcares y productos azucarados, grasas animales y de adición y bebidas refrescantes, caramelos, mermeladas, dulces, pastelería… que se recomienda comer una vez a la semana. ¿Por qué no castigamos sin el “postre” de la Red? El postre serían las herramientas tecnológicas de interacción social (Instagram, Twitter, Facebook, Tuenti…) y otra serie de contenidos. No deberíamos limitar el acceso a cierto tipo de contenidos. Haciendo válida la comparación nutricional, me propongo realizar una pirámide de necesidades digitales.

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Y así es. Considero que la base de nuestra pirámide de necesidades digitales (aproximadamente la consulta de estas páginas debería constituir el 60% de nuestro tiempo de navegación) deben ser lasWebs de contenidos académicos (MedLine, bibliotecas virtuales, PubMed, ISI Web of Knowledge, ICYT+ISOC+IME, TDR, revistas académicas etc.) y buscadores académicos del tipo Google académico. Plataformas educativas como las que en los Colegios es sencillo ncontrar, y que posteriormente en la Universidad, posiblemente bajo un entorno Moodle, tendrán que emplear todos los días, muchas veces, para comunicación con los profesores, descargar bibliografías, materiales de clase, rúbricas de trabajos, revisar fechas de trabajos, ver sus calificaciones, realizar matrículas y preinscripción Universitaria, etc. Correo electrónico. No es posible a día de hoy entender el mundo sin él. No podemos privar a los escolares de vivir la experiencia del correo electrónico. ¿Wikipedia? He aquí uno de los grandes dilemas educativo-virtuales. Si la información es contrastada podría ser útil, no obstante, con la gran cantidad de recursos 100% útiles, no merece la pena que sea usada como primer recurso. La dejaría en un estadio intermedio entre nuestra base de necesidades tecnológicas (académico) y el segundo grupo (divulgativo), con un uso recomendado de un 20% de nuestro tiempo online. Periódicos o emisoras de radio online (ABC, El confidencial, El País, El Mundo, Público, Marca, As, COPE, SER, RNE…) páginas que informan sobre una afición (Acuarofilia, Portalpesca, Webs de moda, etc.) o páginas de revistas divulgativas del tipo Muy Interesante, National Geographic, etc. Estas Webs ofrecen contenidos, que no tienen por qué ser consultados constantemente, ya que sirven para estar actualizados, para saber qué sucede en el mundo, y para poder conocer más sobre algún tema que nos interesa.  Al fin y al cabo, aunque no académico, siempre es positivo fomentar aprendizajes deseados y ampliar cultura y conocimiento divulgativo. En el tercer nivel de necesidades, encontraríamos blogs y webs personales,como las que pueden informar sobre escritores, científicos, actores, estudiantes que comparten experiencias, profesionales que nos narran su día a día, blogs o foros de discusión sobre temas de muy diversa índole (ciencia, tecnología, exámenes, apuntes, carreras universitarias, destinos, viajes etc.) También en este nivel, incluyo páginas de entretenimiento tales como aquellas que nos ofrecen información divertida, prensa del corazón, y cualquier tipo de Spam como fotomontajes divertidos, vídeos entretenidos de animales, tomas falsas, grabaciones de cosas curiosas, etc. Un 10% del tiempo online puede dedicarse al ocio, pero siempre y cuando las necesidades anteriores se encuentren cubiertas. Las redes sociales tipo Facebook, Tuenti, Instagram, Twitter, etc., y aquellas páginas de fans(clubes deportivos, cantantes, actores, grupos musicales, series, etc.) deberían ocupar entre un 8 y un 10% de nuestro tiempo online. A los menores estar en estas redes les aporta sentimiento de pertenencia a un grupo, comparten con sus amigos, acceden a temas de su interés y socialmente es algo que, a día de hoy, nos guste o no, está establecido y se ha construido un fenómeno en torno a ello. ¿Necesarias? No, pero una vez cubierto el 90% restante, sí puede ser de interés que aprendan a interactuar socialmente por Internet, ya que en un futuro, puede que tengan que mantener relaciones virtuales con su profesor mediante una red social, o que tengan que interactuar con empleados de su misma empresa mediante algo similar al actual Facebook, que no olvidemos, nació para establecer relaciones entre los estudiantes de una misma Universidad. Twitter no sólo sirve para “perder el tiempo”. Pueden seguirse periódicos, escritores, premios Nobel, Académicos, y también todo tipo de tecnobasura. Por tanto, cierto uso de esta red puede ser hasta provechoso. Finalmente, llegamos al último escalafón de nuestra pirámide tecnológica a la que debemos dedicar entre un 0% y un 2%.Juegos online, tremendamente adictivos y tremendamente improductivos y todo tipo de contenido para adultos, debe estar completamente limitado, incluso haciendo uso de sistemas específicos para evitar su práctica.

Por tanto, si castigábamos sin postre, a día de hoy, podemos castigar sin juegos online, reducir el uso de las redes sociales y las webs de fenómeno fan. A la alimentación es similar, permitimos nutrientes necesarios y limitamos aquello que resulta complementario.

Hacer un buen uso de esta pirámide tecnológica, nos permitirá ser tecnológicamente sanos y equilibrados. Lo contrario, su mal uso, nos conducirá a una situación de obesidad tecnológica. Con riesgo de que nuestro sistema cardiotecnológico comience a fallar, y tenga repercusiones en nuestra vida F2F (face to face) o cara a cara, irrumpiendo de modo fatal en nuestras relaciones interpersonales no virtuales.

Realmente considero que la única forma de educar bien en tecnología a nuestros pequeños nativos digitales, es permitiéndoles experiencias de uso, no sólo en casa, sino también en la escuela, desde pequeños. No hace mucho, tratando este tema con un colega de profesión, él se mostraba reacio frente al uso de tablets o teléfonos digitales (con modo teléfono apagado) en el aula. Yo argumentaba a mi favor: “¿Cuántas veces al inicio del curso has dicho ¡prohibido hacer aviones de papel y tirarlos en medio de clase!?, o ¿cuántas veces has advertido el primer día de clase que no quieres ver a nadie escribiendo en tu hora lectiva cosas que no sean de la asignatura?. ¿Cuándo fue la última vez que dijiste a los alumnos al iniciar la clase que no deben escribir palabrotas en el papel?” Poco a poco su cara mostraba la comprensión que yo esperaba. Si desde pequeños aprenden, sabrán del mismo modo que saben que con los papeles eso no debe hacerse, que en clase, se usan dispositivos digitales para aprender, y no comprenderán el uso de Facebook o Instagram en el aula sino que se remitirán a ese 80% de contenidos que muestran los dos primeros niveles de la pirámide de necesidades tecnológicas, y al igual que a día de hoy les permitimos tiempo libre para dibujar, jugar a algún juego, etc., entonces, podrán hacer lo mismo con sus dispositivos digitales, incluso optar por hacer uso del tercer y cuarto nivel de la misma pirámide. Creo que es cuestión del profesor, que debe saber hacer una transición del papel al soporte digital, siendo un usuario experto y un experto conocedor también de las diferentes aplicaciones y herramientas educativas disponibles.

A raíz de mi obra publicada en 2009 “Impacto de las TIC en la educación y sociedad españolas del siglo XXI” presenté en el congreso Internacional de EducaRed una ponencia a la que titulé “La tercera revolución tecnoeducativa: La tecnología y los nativos digitales”. En ella realizaba la siguiente introducción: “La primera revolución fue llevada a cabo por aquellos profesores  despiertos,  creativos, que tuvieron la ocurrencia de usar las T.I.C. para  apoyar a su asignatura. Las instituciones, comenzaron a observar esos proyectos tecnológicos y asumieron el uso de las T.I.C.  con carácter institucional. Con ello llevaron a cabo la segunda revolución tecnoeducativa. Aun así, los docentes que actualmente estamos en las aulas, somos inmigrantes digitales, hemos aprendido a sobrevivir con un lenguaje que en un momento determinado desconocíamos, y nos hemos adaptado al nuevo medio, con las salvedades de los tecnofóbicos, que rechazan frontalmente la tecnología sin intención de ondear la blanca bandera de paz. Estamos a la espera de que se lleve a cabo la tercera revolución tecnoeducativa, en la que los nativos digitales, aquellos alumnos que se han formado desde pequeños viendo tecnología en las aulas y lo asumen como algo natural, retornen nuevamente a las escuelas en el rol de maestros. Entonces, la utopía de una escuela en la que todos los maestros empleen la tecnología como apoyo a las materias que imparten, se convertirá en una realidad. Pero se abre un gran interrogante: ¿estamos preparando a nuestros alumnos para que asuman el protagonismo en la tercera revolución tecnoeducativa? ¿qué camino estamos proponiendo? ¿qué figuras se alzan como iconos representativos para ellos? La generación nacida a partir del año 1995 será la encargada de llegar a las escuelas y generar ciencia desde el paradigma de una escuela tecnológica. ¿Qué sucederá si no los preparamos para ello? ¿Están siendo educados en tecnología?” Me inquietan tremendamente estos últimos interrogantes. Se los extiendo nuevamente a ustedes para que puedan plantearse si están contribuyendo a que la generación de sus hijos adopte las aptitudes necesarias para poder dar el cambio a digital que el mundo va a requerir de ellos. Estamos en un momento histórico: o ellos aprenden de nosotros (inmigrantes) o la sociedad está perdida. Si acogen el potencial de estas herramientas para crear ciencia, conocimiento y avances será estupendo, pero.. ¿y si sólo se dedican a las redes sociales? ¿y si sólo emplean la tecnología para jugar? Socialmente somos responsables de procurar todo nuestro esfuerzo, pues no exagero si digo que el desarrollo y la sostenibilidad del mundo futuro, depende de lo que nosotros, hoy, enseñemos a esta generación… y para enseñar hemos de aprender. La empresa merece la pena, pues el futuro del mundo está en nuestras manos.

2 Comments

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  2. Pingback:Acabemos con los deberes - Blog de Juan José Millán

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