Intrusismo e irresponsabilidad

INTRUSISMO E IRRESPONSABILIDAD

No es la primera vez que me voy a dormir dándole vueltas a qué es lo que ha pasado para que haya una incomprensión tan grande de ciertos fenómenos que en el día a día de muchos orientadores se presentan y generan mucho malestar.

No sólo a nivel de Centros Escolares, sino también en la actividad privada se observan ciertos sucesos que dejan a uno con una sensación extraña y con un pensamiento residual que aunque esté seguro de que el adecuado comienza a generar ciertas molestias. Este pensamiento reza algo como: “y yo matándome para hacer las cosas bien y de pronto aparece esta persona que hace las cosas como quiere…”

Vayamos paso por paso…

INTRUSISMO

Es una frase que me habéis escuchado decir mucho: “No podemos jugar a ser arquitectos”. Si me habéis escuchado decirla, seguro que habéis escuchado también la explicación. Yo no soy arquitecto, por lo que jamás se me ocurriría diseñar una casa y tratar de llevar a cabo su ejecución. Sin duda la casa se caería después de una larguísima obra. En resumen: costes elevadísimos, y una efímera chapuza como resultado hasta el momento del derrumbe.

¿Acaso no os habéis sentido así en algún momento? Yo recuerdo alguna de las grandes glorias que voy a compartir con vosotros.

¡Ponte el chupete!

Empezaré por contaros la historia por una niña de 8 años que apareció en mi consulta allá por 2007 con un rotacismo muy marcado. Sus padres, realmente preocupados, nos llamaron preguntando si nuestro trabajo tenía efectos que se vieran con cierta rapidez. Es una pregunta a la que muy pocas veces se puede contestar, sí, pero a la que en este caso, tras conocer el problema que se presentaba, se indicó que lo general suele ser que tras unos 3 ó 4 meses la cosa quedara solucionada. La madre (interlocutora) no se lo creía. Cuando la recibí en la sesión cero en la que conocemos a la familia y presentamos a los diferentes miembros del equipo que va a trabajar con ellos, los padres no contaron que llevaba dos años de trabajo con una logopeda. Me dejó muy sorprendido. Mis sospechas eran muy claras: esa persona no era logopeda, seguro. No había un triste informe, ni una valoración, ni un registro de trabajo… ¡nada! Pero sí había un nombre. Google me contó que era Licenciada en Psicología. Poco más se encontraba. Su consulta era una consulta que tenía su nombre y un apellido muy curioso: psicoanalista. ¿Podía ser verdad? Al interesarme por el proceso que esta graciosa niña había llevado a cabo pude descubrirlo. Dos años de psicoanálisis para solucionar una pronunciación deficiente del sonido /r/. ¡Alucinante! Pero la cosa mejoró cuando los padres, al terminar esta sesión me preguntaron si tenían que llevar el chupete a la primera sesión con la Logopeda. ¿El chupete? Imagino que la cara que se nos quedó a los que allí estábamos tuvo que ser interesante. Al parecer, aquella psicoanalista les había hecho comprar un chupete. Cada vez que pronunciara mal la /r/ debían ponérselo durante cinco minutos porque estaba demandando un trato de bebé. Lo que entendimos después de aquel conjunto de “cosas raras” es que la hipótesis de trabajo era que esta niña hacía continuas regresiones a su etapa de educación infantil porque no había superado la retirada del chupete…

Ejemplos como este he podido ver varios a lo largo de mi carrera profesional. Sigo viéndolos a día de hoy. He llegado a la conclusión que detrás de las típicas frases de muchas personas: “no me fío de los psicólogos”, “los psicopedagogos no hacen nada”, “todo esto es una tomadura de pelo”… se esconde un caso de intrusismo profesional.

¿Qué hacemos? Lo realmente complicado es poder hacer algo porque, cómo puedes demostrar todo lo ocurrido si nunca hay informes ni papeles. Lamentablemente el intrusismo es en estas profesiones es un mal difícil de erradicar: psicólogos clínicos que se meten a reeducar una dislalia, maestros de audición y lenguaje que hacen trabajo de logopedas, psicopedagogos que hacen de psicólogos, maestros de Primaria que se convierten en grandes psicólogos para sus alumnos…

Desde mi perspectiva, divulgar, contar y explicar qué trabajo hace cada uno es esencial. Ahora, con redes sociales, blogs, Webs, etc., es mucho más sencillo. A ver si llegamos al punto en que la clásica conversación que reproduzco a continuación se extingue: – “Tú eres psicólogo, ¿no? – “No, soy psicopedagogo” – “Vamos psicólogo, ¿es lo mismo no?”. Y días después de que le expliques la diferencia sigue llamándote psicólogo.

IRRESPONSABLES

En este capítulo hay muchos profesionales, que no por ciencia, sino por actitud, llegan a manchar a los colectivos que representan y a las instituciones en las que trabajan. Hago un rápido repaso de las cosas que me he encontrado:

  • Neurólogos: En mi profesión son indispensables, lo que quiere decir que tengo mucha relación profesional con muchos de ellos. Algunos increíbles, otros… dejan tanto que desear. La máxima irresponsabilidad la veo en un Neurólogo cuyo nombre no mencionaré del cual leo al año unos 5 ó 6 informes de diferentes pacientes. ¿Cómo puede ser que lo único que cambie sea la anamnesis y el nombre del paciente y todo lo demás (juicio clínico, diagnóstico, tratamiento…) sea exactamente lo mismo? Para mí es uno de los grandes ejemplos de irresponsabilidad máxima.
  • Psiquiatras: “Derivamos al paciente al servicio de Psicología. Si no presenta mejora en los próximos 6 meses y se aprecia pasado este tiempo agudización de su cuadro, volverá a ser atendido por el servicio de psiquiatría”. Más de una vez he leído algo así. Debe ser que este chiste es real…
  • Profesores: En mí trabajo privado de consulta paso varias horas llamando a profesores, orientadores y visitándolos en sus Centros. Las mayores irresponsabilidades que he encontrado han sido delatadas por los propios orientadores. Una vez con el permiso por escrito de la familia para poder contactar con el Centro, llamo al orientador, y al identificarme y decirle que estoy trabajando con tal alumno de tal curso se hace el silencio… – “No sabía nada”. Claro, yo que ya había hablado con su tutor me quedo perplejo. No había dicho nada al orientador del centro. Desconocía las dificultades de este estudiante. Lo triste es que no lo he visto una vez, me faltan dedos en mis manos para contar las veces que veo esta situación cada curso escolar. ¡Qué gran irresponsabilidad!
  • Logopedas: aquí el irresponsable no es el logopeda, no. Creo que es la profesión más suplantada y menos conocida por la población general. He conocido maestros que se hacen llamar logopedas, maestros de Audición y Lenguaje que son el “logopeda” en diferentes consultas (cuando busco logopedas casi recibo más CVs de maestros de AL que de Logopedas). Los maestros de AL son indispensables y muy necesarios, pero al igual que lo blanco no es negro, no es un Logopeda. No es ni más ni menos, es simplemente otra cosa diferente. En algunas ocasiones también he visto a Logopedas trabajando aspectos conductuales de un TDA, realizando modificación de conducta…

CONCLUSIÓN FINAL

Esta entrada es una de las entradas que menos lógica pueda tener dentro de la temática de mi blog, no obstante la he escrito porque me parece que tenemos que concienciarnos con estas situaciones y concienciar a nuestros colegas de profesión.

De nada sirve suplantar a otros profesionales o hacer el trabajo de otros. A la larga sólo es perjudicial para todos:

  • Los que consideran que tienen que captar a todo “cliente” que llame sea cual sea su situación se equivocan. Captan a éste, pero de él no saldrá nadie más. Garantizado.
  • Los que tienen que hacerse nombre… se lo hacen, sin duda, pero un mal nombre y una mala reputación profesional.
  • Los que lo hacen porque “otros también lo hacen” ayudan a que los que lo hagan por el mismo razonamiento sigan haciéndolo.
  • El paciente sale perdiendo: no superará la situación que le ha conducido hasta allí y como es obvio, dejará el trabajo pasado un tiempo y una buena cantidad de euros.
  • Generamos una idea nefasta de nuestros colectivos a la sociedad.

Nuestro trabajo tiene que ser un trabajo global, debe ser multidisciplinar. Si trabajamos con niños, en muchos momentos cualquier profesional necesitará de un maestro de AL, de un Logopeda, de un Psiquiatra, de un Psicólogo, de un Psicopedagogo, de un Neuropsicólogo… No podemos aunarlo todo. El enfoque siempre ha de ser así, multidisciplinar y centrado en lo que sabemos hacer. Con ello ofreceremos el mejor servicio, la mayor eficacia, generaremos el mejor de los nombres y todos saldremos ganando.

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