Alicia, ¿me estás tomando el pelo?

Alicia, ¿me estás tomando el pelo?
Síndrome de Alicia en el País de las Maravillas (SAPM)
Juan José Millán
@webjjmiles

Siempre he sido un docente al que le ha gustado ver, observar, hacer acopio de buenas prácticas, aprender de primera mano estrategias de control de aula, metodologías… es decir, que siempre me ha gustado meterme en la clase de otros colegas a ver qué se cuece por ahí y  poder llevarme algo en el bolsillo, que dicho sea de paso, muchas veces se quedaba pequeño para todo lo que podía llevarme de los excelentes profes a los que he tenido la oportunidad de visitar.

Hará unos tres años, me invitaron a visitar un Colegio en un pequeño pueblo cercano al mar, aprovechando que estaba pasando unos días por allí con motivo de un congreso. Me hablaron de una profesora fantástica con un manejo del aula increíble y en cuya clase sucedían cosas maravillosas. Con este preámbulo no podía resistirme a visitarla.

Llegué al Centro tras unas cuantas vueltas en coche, casi quedarme sin gasolina en medio de una carretera… ¿existan las cuaternarias? Sin duda era la escuela rural que siempre había tenido en mi mente. Seis profesoras se encargaban de toda la Primaria apoyadas por otros agentes educativos. Clases pequeñitas, pasillos llenos de color…

Entré en el aula. Llevaban ya unos diez minutos de la primera clase después del primer recreo. Pedimos perdón por llegar tarde y nos colocamos en la parte posterior del aula para observar qué sucedía entre aquellas paredes en las que abundaban murales, mapas conceptuales realizados por los alumnos con una masa similar a la arcilla (me encantaron) y algo que me fascinó: dos televisores enormes colgados uno a la derecha del alumnado y otro tras ellos. Se usaban a modo de monitor para que el alumnado, estuviera en cualquier disposición, viera siempre qué estaba sucediendo en la pizarra (digital) ya que en ellos se veía una imagen de la pizarra. ¡Fascinante!

La clase era interesantísima. Sin entrar en el contenido de la misma ni en la magnifica acción de la maestra, sucedió algo que me llamó aun más la atención. Una niña, sentada en una de las mesas de la esquina (estaban sentados en grupos de 4 enfrentados) empezó a reír a carcajada limpia. ¿Qué le estaba pasando? Miré con cara de querer saber más a la compañera que me llevó a esa escuela. Con su cara me lo explicó todo y con tres palabras lo refrendó: ella es así.

Mi atención se desvió por completo del aula y de la maestra y se centró al 100% en aquella niña. Hacía cosas extrañas: se reía muchísimo justo antes de poner una cara de extrañeza bastante inusual. Posteriormente se quedaba como aletargada, mirando a sus compañeros… Yo que ya llevaba en ese momento algunos pasos dados en el mundo sanitario y unos cuantos más en el educativo, comencé a pensar qué le sucedía. Me planteé alguna hipótesis. Comencé a pensar que esos momentos de aletargamiento me recordaban mucho a crisis convulsivas de ausencia que ya había visto en primera persona, pero… ¿las carcajadas?. De pronto se puso a gritar. La maestra regañó a esta niña, a la que llamaremos Alicia aunque no fuera este su nombre real. De pronto Alicia comenzó a reír nuevamente mirando a la profesora y le dijo: “qué cabeza más grande tienes”. Los alumnos se empezaron a reír también. “¡Qué faltona es esta niña”! me susurró mi compañera. En ese momento llamó a la puerta una mujer que rondaría los 60 años: “hay que bajar al gimnasio”. Alicia respondió: “como sigas creciendo no vas a caber por la puerta”. Todos volvieron a reír. No tenía muy claro que estaba sucediendo en Alicia, pero desde luego, no era algo conductual. ¿Realmente estaba viendo más grande la cabeza de su profesora y a aquella mujer con aspecto rústico? Tras recoger comenzaron a salir. Alicia volvió a interrumpir: “dejadme salir primero que si no os pisaré a todos”. Allí había niños muchísimo más grandes que ella. “Alicia deja de decir tonterías”, repetían todos. Parecía no despertar mucha simpatía entre sus compañeros.

No podía perderme la clase de gimnasia así que lógicamente pedí permiso para acompañarles. Allí nos situamos. Ese día iban a hacer atletismo, iban a correr. Sorprendente. Alicia corría muy rápido hasta que empezó a correr muy lento. La profesora daba la salida y Alicia tardaba unos segundos en iniciar su salida y posteriormente corría, pero lo hacía como si todo fuera a cámara lenta. Los alumnos se reían y la profesora se enfadaba cada vez más. Sonaron las clásicas palabras: “menudo día llevas hoy, hija”. Alicia le reprendió: “No hago nada malo, solo corro mientras sueño”. A los pocos minutos se sentó en una esquina de aquel patio y le dijo a la profesora que ya no hacía más deporte, que le dolía muchísimo la cabeza.  La profesora suspiró con cara de alivio. Yo también: creí haber dado con la clave en este momento, ya tenía todos los datos que me condujeron a pensar qué le podía suceder.

A simple vista suena a niña que quiere hacerse la graciosa en el aula, posiblemente para ganarse la aprobación del grupo, desafiante antes los profesores y que se toma las actividades escolares a cachondeo (correr a cámara lenta), sin embargo nada más lejano a la realidad. Esta niña presentaba un síndrome bastante poco habitual pero del que se describen varios casos al año. Se trata del Síndrome de Alicia en el País de las Maravillas (SAPM)

Este síndrome viene caracterizado por diferentes episodios de alteraciones visuales tales como macropsia (ver las cosas más grandes de lo que realmente son), micropsia (ver los objetos más pequeños de lo que en realidad son) y por sentir la percepción de que el tiempo pasa muy, muy lento de forma subjetiva, teniendo en ocasiones dificultad para saber el niño si está dormido o despierto por las propias sensaciones que percibe.

Este síndrome se presenta asociado a migrañas y a epilepsia en muchas ocasiones. Existen evidencias también de SAPM como pródromo a infecciones bacterianas.

Pedí permiso para trabajar con Alicia durante una hora y charlar con sus padres. Había que hacer algo con esta estudiante. La profesora se alegró mucho, ya no sabían qué hacer con ella. Los padres trabajaban muy cerca del Colegio y, me sorprendió, llegaron en escasos cinco minutos desde que se les llamó. En el caso de Alicia, su familia presentaba tres generaciones por rama materna de fortísimos dolores de cabeza que al preguntar por las características de los mismos, eran de naturaleza migrañosa con aura, caracterizada por visión borrosa, visión con efecto túnel y dolor ocular. Por rama paterna, existían antecedentes de algo que se describió muy bien como neuralgia del trigémino, no diagnosticada, con dolor unilateral periorbitario y submaxilar derecho. Curiosamente el padre comentaba que el abuelo de Alicia odiaba la música clásica porque siempre que la escuchaba se desencadenaba ese dolor.

Alicia, tres horas después del debut de su dolor de cabeza, proseguía con una clínica que  había evolucionado. Se describió como dolor pulsátil, con fotofobia que cursaba con náuseas y vómitos. La migraña se mantuvo durante 36 horas.

Mi recomendación a los padres fue que acudieran a su médico de atención primaria y les entregara mi informe. Así hicieron. Afortunadamente, pude seguir teniendo contacto con esta familia. Alicia fue derivada a neuropediatría, donde fue medicada para sus migrañas (y ya de pasó se medicó también a la madre que presentaba cuadros migrañosos con la misma clínica que su hija). En este caso, como en casi la totalidad de los casos de SAPM, la clínica de este síndrome desapareció con la farmacoterapia ante la migraña y trabajando bien la higiene del sueño.

A nivel de aula es importante conocer qué situaciones desencadenan la fase migrañosa aguda para tratar de evitar dichos estímulos o bien organizarlos de forma progresiva, en caso que aumente la tolerancia ante los mismos.

A día de hoy, Alicia es una estudiante bien adaptada, con un buen rendimiento que recuerda junto a sus compañeros de aquel curso las “cosas raras que hacía cuando era pequeña” tal y como ella explica.

Niñas y niños como Alicia hay muchos, no todos con SAPM, obviamente, pero, tal y como contaré en siguientes entradas, presentan ciertas alteraciones neuroevolutivas o fisiopatológicas que pueden provocar comportamientos desadaptados en el aula. Si no damos la oportunidad a estos esudiantes, les avocamos a un doble fracaso: inicialmente el académico (pues de sobra queda entendido que fracasarán en el Colegio). El segundo gran fracaso será que no podremos hacer nada porque esa alteración que presenta sea corregida y estaremos negando, por mirar con efecto túnel a los niños y tener muy claro algo que para mí es una auténtica barbaridad: hay niños buenos y malos. Terrorífica afirmación (y desde mi punto de vista falsa al 100%), pues creo que no hay niños malos, sino metodologías, adultos, situaciones y contextos que no se han adaptado a ese niño en particular.

Si alguien desea referencias bibliográficas, datos científicos o realizar cualquier tipo de consulta, estaré encantado de daros feedback.

2 thoughts on “Alicia, ¿me estás tomando el pelo?

  1. Muchísimas felicidades por tu labor docente y sanitaria, que en este caso a servido para ayudar a una familia y en mi caso permitirme conocer un caso que cuanto menos, me resulta interesante. Un abrazo fuerte Juanjo.

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