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El maestro del siglo XXI

Líneas rojas para el maestro del Siglo XXI
Juan José Millán
@webjjmiles

En la escuela han cambiado muchas cosas. En general la educación ha tomado un camino inesperado hace un par de décadas. ¿Qué cambios son? ¿Cómo debe un maestro adaptar su línea metológica para ser consecuente con esta nueva era?

Todos recordamos la escuela en la que la mayoría de los que somos maestros a día de hoy nos educamos. ¿Quién era nuestro profesor? Era el maestro que todo lo sabía. Le atiborrábamos a preguntas cada día y siempre tenía una respuesta adecuada. ¿Quién no recuerda los libros que usábamos y los exámenes que hacíamos? ¿Trabajos en grupo? Era una excepción a la normalidad.

Nuestros pupitres. Bien recuerdo, al igual que la mayoría de todos, supongo, aquellos mazacotes de madera con un esqueleto de hierro que más de una vez nos hemos clavado en las rodillas, en especial el gancho de la derecha de para colgar la rudimentaria mochila que acostumbraba a ir llena de libros y cuadernos a los que nunca les faltaba la compañía de archivadores y carpetas clasificadoras. Algunos de ellos se levantaban hacia arriba encontrando un universo de libros, lápices y bolígrafos, reglas, cartabones, escuadras… ¿Cuántas veces habremos tirado todo lo que había en la mesa para ir a sacar otro bolígrafo? Realmente nuestros profesores de antaño sí que tenían paciencia. En estos casos sucedía algo mágico. Un auténtico fenómeno paranormal: ninguno se reía ni comenzaba el escándalo cuando caían libro, cuaderno y estuche, y eso que no éramos 20 alumnos en la clase, éramos 42 estudiantes en la misma clase cuando no 47.

Sin duda las cosas en educación han cambiado. Cierto es que siempre ha habido escuelas más innovadoras que el resto y ya llevaban aplicando estos sistemas desde hace años, pero la gran mayoría de Centros han comenzado a hacer propios estos cambios últimamente. Sin entrar en metodologías, vamos a realizar un pequeño análisis de dos cambios significativos:

Morfología del aula: Uno de los cambios esenciales en la educación es el concepto de aula. Antaño concebida como algo rígido y estático pudiendo encontrar hasta pupitres atornillados al suelo, ha terminado por convertirse en algo dinámico y que no tiene por qué mantener la misma estructura cada día y que, en realidad, cambia. La ubicación del profesor ha bajado de la pizarra, y digo que ha bajado porque los altillos que solían observarse bajo la mesa del profesor y la pizarra, han desaparecido. El profesor se sitúa a la misma altura que al alumnado y ya no tiene por qué estar delante de todos ellos junto a la pizarra de tiza, ahora hay diferentes disposiciones, lo que facilita en gran medida las diversas metodologías que han ido apareciendo en los últimos años.

Los pósters y los mapas cada vez van ocupando menos espacio en el aula. Claro, con la llegada de las TIC comienzan a quedar obsoletos y se convierten en algo prescindible. Los globos terráqueos tan importantes en las clases de geografía aunque realmente no veíamos nada desde nuestras sillas. Poco a poco el material ha ido cambiando también y con él ha cambiado la composición del aula, uno de los cambios más visibles a día de hoy.

Materiales: Otra de las cosas visibles que producen un importante cambio pragmático es la adenda de materiales. En nuestra mochila, aparte de varios kilos de papel, venía nuestro estuche, o nuestros estuches, ya que teníamos uno para las clases, otro para dibujar, lleno de colores, estuche de rotuladores…  Las cosas han cambiado también en este aspecto y mucho. Cada vez los estuches ocupan menos espacio, se escribe menos en papel. Los alumnos ya no tienen tantos kilos de papel que transportar: pueden hacer uso de la versión digital de su libro de texto, en caso que lo tengan (piensen en su profesor de hace 30 años y díganle que podría no tener libro de texto: ¡impensable!), recibir los deberes por correo o mediante plataformas y compartirlos con su profesor por el mismo medio.

Al sacapuntas y al lapicero hoy le acompañan Tablets, libros digitales y una gran cantidad de software. Sería imposible realizar si quiera un top ten de aplicaciones empleadas en el aula ya que por lo observado en redes sociales, en experiencias de compañeros maestros y en diferentes charlas, congresos y encuentros de profesores.

Los libros también presentan novedades. En caso de existir un libro físico, éste suele ir acompañado de recursos Web que comienzan en la clásica página Web, pasando por vídeos, animaciones, páginas dinámicas de actividades, blogs, etc.

Nuestra mochila, poco a poco, va siendo sustituida por los cloud y por las plataformas educativas. Sin duda las plataformas son la mochila del día de hoy. Cuentan con agenda donde anotar eventos y tareas, con mensajería a padres (que sustituye a las clásicas notas y circulares), y donde el estudiante y los padres pueden encontrar una gran cantidad de contenidos a trabajar, recibir y entregar deberes, autoevaluaciones, incluso evaluaciones formales.

El material del profesor también ha sufrido importantes cambios: ya no lleva su bata con los bolsillos llenos de tizas o con aquel artilugio que apreció a inicios de los 90 que servía para colocar dentro de él la tiza y no mancharse las manos con aquel polvo. Tampoco son su repertorio los bolígrafos para pizarra blanca que hacía que el lateral de las manos de aquellos profesores que los llevaban se convirtiera en una pala de pintor de colores rojo, verde, azul y negro. Ahora el profesor cuenta con un equipo informático en su aula a disposición, conectado a una pizarra digital y al resto de equipos informáticos del aula, desde donde gestiona y supervisa la actividad de los alumnos. Tiene tabletas digitales desde las que proyectar su clase y que muchas veces se convierten en la pizarra que puede llevar a cualquier mesa y desde la que trabajar.

Podrían escribirse decenas de páginas, quizá cientos de ellas, describiendo nuevas herramientas. Cualquier Widget, cualquier aplicación, cualquier dispositivo digital, pero lo realmente destacable es que se ha producido un cambio importantísimo, determinante, en un colectivo que solía ser muy poco receptor a cambios. Un cambio que implica dejar pasar al aula a la nueva sociedad, y por ende, retroalimentarla y potenciarla. Se ha realizado un cambio central que generará un cambio en la metodología, un cambio por el que los profesores y maestros tienen que dejar de hacer lo que han hecho durante toda su carrera profesional y se ven forzados a aprender y a implementar cosas nuevas en el aula, con sus estudiantes, quienes ya no van a sentarse y a esperar a que el profesor les transmita conocimiento. Para eso ya están todos los recursos digitales y Web. Este cambio implica un desajuste en la balanza, implica el cambio de contenidos por procedimientos. Ya no tenemos que enseñar cosas, ahora tenemos que centrarnos en entrenar en procedimientos para que los alumnos sepan cómo acceder a los contenidos, que los tienen a escasos segundos, ya no de “clic”, sino de “dedo”.

En base a los cambios tratados y a la nueva realidad tanto social como educativa presente a día de hoy y que presenta, no lo olvidemos, un avance imparable, hemos de centrarnos en que los estudiantes puedan llevar a cabo ciertas acciones, necesarias completamente para que su estancia en la escuela tenga sentido y les haga adolescentes del siglo en el que actualmente nos encontramos.

El maestro como proveedor: Lo primero que tienen que hacer los alumnos, posible en nuestras escuelas gracias a los cambios morfológicos experimentados en nuestras aulas, es experimentar, manipular, descubrir y comprender en las clases. Esta es la premisa clave para que el aprendizaje comience a encontrar un lugar en nuestros alumnos. Para ello, el maestro debe convertirse en proveedor de oportunidad, y ello implica que debe crear situaciones en los que alumnos puedan llevar a cabo las tareas explicadas. Convertirse en proveedor implica una gran cantidad de trabajo paseando por la Web, aprendiendo a manejar herramientas, creando manuales de usuario adaptados a sus alumnos si fuera preciso y aprendiendo él mismo a hacer uso de las herramientas que va a trabajar, sólo así conseguiremos la segunda premisa clave en la educación actual.

El maestro versátil y el alumno elector: Una vez los maestros mostramos a los estudiantes diferentes herramientas, el maestro debe ser versátil a la hora de adaptarse a los recursos que sus alumnos emplean en el aula. Ofrecer una gran variabilidad de herramientas y que el alumno emplee aquella que mejor le resulte para realizar su trabajo es un punto importante. Generará independencia en el estudiante y le estará educando, ya que llegará un momento en su vida en el que él necesitará establecer qué herramienta es la más adecuada para la tarea o trabajo que tenga que realizar. Pero no sólo en este punto debe haber versatilidad del maestro o elección por parte del estudiante. Deben también ser capaces de realizar estas tareas en base a los sitios que emplear para contrastar conceptos, experiencias, para ampliar conocimientos o para construir aprendizajes partiendo de conceptos previos o de cero.

Maestro como director de orquesta: y en este caso la orquesta son los recursos que emplea el estudiante para recoger anotaciones en clase. Pensar en ciertas asignaturas era pensar en escribir, siempre acabábamos con un callo en nuestro dedo. Apuntes, apuntes y más apuntes. Actualmente hay asignaturas en las que los estudiantes tienen mucho que escribir. Otras en los que los alumnos escriben o anotan menos cosas, pero en todas las asignaturas algo se escribe. ¿Tienen significado para el estudiante las anotaciones que recoge tras una clase? ¿Anota lo importante? Es una tarea imprescindible del maestro y del profesor la de mostrar a sus alumnos cómo recoger la información. Esta tarea se ha complicado a día de hoy: todo está en Internet. Los estudiantes se confían y saben que si no lo anotan lo van a encontrar, pero, ¿van a encontrar las claves interpretativas? Ahí reside una parte de la tarea del maestro como director de orquesta. La otra tarea es orientar al estudiante acerca de cuál es el soporte más apropiado para esas anotaciones: digital, papel, cuaderno… Es fundamental para el estudiante saber interpretar las cosas que debe conocer y conocer la aplicación práctica de las mismas.

Maestro como facilitador de intérpretes: Por seguir con el ejemplo musical, no sólo debemos centrarnos en que el alumno aprenda cosas o sepa hacer otras tantas, debemos hacer hincapié en el que el alumno sea capaz de extraer sus propias conclusiones acerca del tema que se está tratando en el aula partiendo del material que se ofrece desde el aula, del material que él recopila, de las preguntas que realiza y de compartir sus reflexiones con el maestro o profesor y con sus compañeros. Sin duda, una gran forma de medir el aprendizaje de un estudiante es valorar las críticas que es capaz de realizar sobre un tema, sus reflexiones, y que sea capaz de defender sus argumentos basados en razones o motivaciones científicas frente a sus compañeros, a la vez que estudiar, valorar y asumir la crítica a su línea argumental. Obviamente, adaptando estos aspectos a las competencias de cada estudiante (iba a haber escrito edad y curso escolar, no obstante, estoy totalmente en desacuerdo con que la capacidad de los estudiantes para llevar a cabo estas tareas reflexivas tenga que venir determinada por el curso académico o su edad cronológica).

Una vez que el estudiante sea capaz de reflexionar sobre lo aprendido y trabajado, sin duda alguna será capaz de aplicar el conocimiento adquirido a lo real y a la práctica (nuevamente oportunidades para experimentar).  En el momento en que el alumno sea capaz de realizar este proceso, habrá comprendido el contenido perfectamente, y lo más importante: habrá aprendido un procedimiento para aprender cualquier cosa que quiera aprender durante toda su vida.

¿No merece la pena que todos los que nos dedicamos a la educación invirtamos tiempo y recursos en preparar a nuestros alumnos para mejorar su presente y el futuro de todos?

 

1 Comments

  1. Marian

    Claro que merece la pena. La cuestión es que cambiar los métodos de enseñanza, la disposición de las aulas, la relación profesor-alumno, etc. significa cambiar el modelo de escuela y, por ende, el modelo de sociedad. Quizás por eso no abunden mucho los centros educativos en los que haya proyectos innovadores, sobre todo en la escuela pública.

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