Hay niños que pueden estar perfectamente despiertos, sentados frente al profesor, mirando hacia delante y aparentemente escuchando. Sin embargo, cuando llega el momento de comenzar el ejercicio parece que parte de la información ni siquiera hubiera pasado por allí.
También encontramos el caso contrario: escolares que parecen estar extraordinariamente atentos porque están pendientes de absolutamente todo. Escuchan una cremallera tres filas más atrás, detectan una conversación en el pasillo, miran cuando alguien arrastra una silla y reaccionan ante estímulos que muchos de sus compañeros ni siquiera llegan a registrar conscientemente.
A los dos podemos terminar describiéndolos exactamente de la misma manera: «se distrae muchísimo».
Pero pueden estar ocurriendo cosas completamente diferentes.
Ésta es una de las cuestiones que más me interesan cuando realizo una evaluación psicopedagógica o neuropsicológica. No quiero saber únicamente si un escolar atiende o no atiende. Quiero comprender qué ocurre para que su atención cambie, en qué momentos lo hace, qué condiciones favorecen su rendimiento y cuáles parecen deteriorarlo.
Porque la atención no funciona en el vacío. Antes de mantener una instrucción en memoria, inhibir una respuesta, comprender un texto o resolver un problema matemático, necesitamos que el cerebro se encuentre en un estado suficientemente adecuado para hacerlo.
El sistema de activación reticular ascendente: el cerebro tiene que estar disponible para aprender
En este episodio desarrollo la idea central de este artículo: dos escolares pueden parecer exactamente igual de distraídos y, sin embargo, necesitar respuestas completamente diferentes.
⚡ El cerebro tiene que estar disponible para aprender
Cuando hablamos de dificultades escolares solemos comenzar preguntándonos por la atención, la memoria, las funciones ejecutivas, la velocidad de procesamiento, el lenguaje o la motivación. Todas estas variables son importantes, pero existe una condición anterior que a veces damos por supuesta: para realizar cualquiera de esas operaciones, el sistema nervioso tiene que encontrarse en un estado suficientemente adecuado para responder.
Resulta evidente cuando llevamos el ejemplo al extremo. Nadie intentaría enseñar divisiones a un niño que está profundamente dormido. Sin embargo, entre el sueño profundo y un estado de máxima alerta existen multitud de niveles intermedios.
Estar despierto, por tanto, no es exactamente lo mismo que estar disponible.
💡 La idea fundamental
Un escolar puede tener capacidad suficiente para realizar una tarea y, sin embargo, encontrarse en un estado poco adecuado para desplegar esa capacidad en ese momento.
Por eso una puntuación, una conducta o una respuesta concreta siempre necesitan contexto.
Un niño puede mantener los ojos abiertos y encontrarse en un nivel de activación demasiado bajo para sostener durante mucho tiempo una actividad repetitiva. Otro puede encontrarse excesivamente alerta, pendiente de cada cambio que se produce en el entorno.
En ambos casos puede deteriorarse el aprendizaje.
🧠 ¿Qué es el sistema de activación reticular ascendente?
Durante muchos años se ha utilizado la metáfora de un interruptor para explicar el sistema de activación reticular ascendente, que podemos abreviar como SARA.
La imagen resulta útil para introducir el concepto, porque determinadas estructuras profundas del cerebro participan en el mantenimiento de la vigilia, la alerta y el estado general desde el que la corteza cerebral procesa la información.
Sin embargo, la metáfora tiene un límite importante. No existe literalmente un pequeño interruptor cerebral que esté encendido o apagado. Tampoco existe un único «centro de la atención».
Cuando hablamos del sistema de activación reticular ascendente nos referimos a diferentes circuitos y conexiones que parten fundamentalmente de regiones del tronco encefálico y mantienen relaciones con estructuras como el tálamo, el hipotálamo y el prosencéfalo basal, influyendo posteriormente sobre amplias zonas de la corteza cerebral.
🔬 Un hallazgo histórico
En 1949, Giuseppe Moruzzi y Horace Magoun publicaron uno de los trabajos clásicos sobre la formación reticular. La estimulación de determinadas regiones del tronco encefálico producía importantes cambios en la actividad eléctrica cortical.
Aquellos resultados ayudaron a comprender que el estado cortical depende también de sistemas profundos capaces de modificar su nivel de activación.
🧬 Lo que sabemos hoy
Décadas después, las técnicas de neuroimagen han permitido estudiar parte de estas conexiones en humanos. En 2013, Yeo, Chang y Jang reconstruyeron mediante técnicas de difusión una vía desde la formación reticular pontina hasta núcleos intralaminares del tálamo.
La imagen actual es mucho más compleja que la de un interruptor: hablamos de sistemas distribuidos y de múltiples mecanismos de regulación.
🚨 Una precisión que considero importante
El sistema de activación reticular ascendente no explica por sí solo la atención, el TDAH ni las dificultades de aprendizaje. Participa en la regulación de estados de vigilia y activación, pero la atención depende de múltiples redes y procesos.
Las explicaciones neuroeducativas resultan atractivas cuando son sencillas. El problema aparece cuando son tan sencillas que dejan de ser correctas.
🎚️ Más activación no significa necesariamente más atención
Podemos imaginar el nivel de activación como un continuo. En uno de sus extremos encontramos estados de baja activación: somnolencia, lentitud, dificultad para iniciar, menor respuesta a determinados estímulos y tendencia a desconectarse de una actividad prolongada.
En el extremo contrario encontramos situaciones en las que el sistema se encuentra excesivamente activado: hipervigilancia, elevada sensibilidad hacia los estímulos del entorno, ansiedad o dificultad para mantener fuera del foco aquello que debería ser irrelevante.
💤 Activación baja
Puede aparecer lentitud, dificultad para comenzar, pérdida progresiva del rendimiento, necesidad frecuente de recordatorios o desconexión ante tareas poco estimulantes.
🎯 Zona funcional
El escolar mantiene suficiente alerta para procesar la información y, al mismo tiempo, puede seleccionar aquello que resulta relevante para la tarea.
⚡ Activación elevada
El sistema puede reaccionar ante demasiados estímulos, aumentar la impulsividad, la ansiedad o la interferencia procedente del entorno.
Investigaciones experimentales han encontrado que determinados niveles intermedios de activación pueden asociarse con un procesamiento sensorial especialmente eficiente. Esto no significa que exista un punto exacto y universal de activación óptima aplicable a todos los escolares.
La tarea importa. La persona importa. El contexto importa.
No necesitamos conseguir que el cerebro esté máximamente activado. Necesitamos que esté suficientemente disponible para aquello que queremos pedirle.
👀 Dos escolares pueden parecer distraídos por razones opuestas
El escolar que se va apagando
No suele molestar. Permanece sentado y aparentemente escucha. Sin embargo, cuando termina la explicación mira alrededor para saber qué tiene que hacer.
Puede comenzar correctamente una tarea y perder progresivamente el ritmo, especialmente cuando la actividad es repetitiva.
En determinados casos mejora cuando aparece una tarea nueva, aumenta ligeramente el ritmo o introducimos una pausa.
El escolar que se entera de todo
Escucha una cremallera, mira cuando alguien abre la puerta y registra movimientos que otros compañeros apenas perciben.
No parece poco activado. Puede estar ocurriendo justamente lo contrario.
Su dificultad consiste en mantener fuera del foco una enorme cantidad de información que compite con la tarea principal.
La atención exige una operación aparentemente paradójica. Necesitamos detectar información relevante y, al mismo tiempo, ignorar una cantidad gigantesca de información que llega continuamente a nuestros sentidos.
Por eso la frase «es que se entera de todo» siempre me interesa cuando aparece durante una entrevista familiar.
¿Qué ha ocurrido para llegar a esta puntuación?
Ante un escolar que parece desconectarse no me interesa únicamente contar errores u omisiones. Quiero saber cómo evoluciona su rendimiento.
¿Empieza bien y cae? ¿Empieza lentamente y después mejora? ¿Qué ocurre cuando la tarea se vuelve monótona? ¿Recupera el rendimiento cuando aparece una novedad? ¿Qué sucede después de una pausa? ¿Cambia cuando modifico la modalidad de presentación?
Dos escolares pueden terminar una prueba con un percentil parecido y haber llegado hasta él de maneras completamente diferentes.
La puntuación importa. El proceso también.
¿La atención de tu hijo cambia muchísimo según la tarea?
Una evaluación profunda no consiste sólo en decidir si existe o no una dificultad atencional. Necesitamos estudiar qué variables están produciendo aquello que vemos.
🧩 ¿Qué tiene que ver todo esto con el TDAH?
Llegados a este punto es fácil construir una explicación demasiado simple: «entonces el TDAH es una alteración del sistema de activación reticular ascendente».
No sería correcto.
El TDAH es extraordinariamente heterogéneo y en él intervienen múltiples mecanismos relacionados con control inhibitorio, memoria de trabajo, recompensa, motivación, procesamiento temporal, funciones ejecutivas y sistemas catecolaminérgicos, entre otros.
Ahora bien, la regulación de la activación sí puede formar parte de la explicación de determinados perfiles.
Bellato y colaboradores realizaron una revisión sistemática de 55 estudios sobre funcionamiento autonómico en TDAH. Parte de los trabajos encontró resultados compatibles con estados de menor activación en determinadas situaciones, especialmente durante el reposo o ciertas tareas de atención sostenida.
Sin embargo, una proporción importante de los resultados fue nula.
🧠 El diagnóstico no describe todo el funcionamiento
Dos escolares pueden cumplir criterios para el mismo diagnóstico y presentar perfiles muy distintos de memoria de trabajo, control inhibitorio, motivación, sueño, procesamiento temporal, velocidad, regulación emocional y activación.
Por eso una buena evaluación no debería terminar en «tiene TDAH». En muchos sentidos, ése es precisamente el momento en el que comienzan las preguntas realmente interesantes.
🏃 Cuando moverse puede estar ayudando a atender
Un escolar comienza la tarea y mueve un pie. Después cambia de posición. Toca el lápiz, coge una goma, la deja y vuelve a recolocarse.
La reacción adulta suele ser inmediata:
«Estate quieto».
«Deja eso».
«Concéntrate».
Pero antes de intentar eliminar una conducta me parece interesante plantear otra pregunta: ¿para qué está sirviendo?
No todo movimiento constituye autorregulación. Tampoco todo niño que se mueve necesita hacerlo para aprender ni significa que cualquier comportamiento deba permitirse dentro del aula.
Pero he encontrado escolares en los que una pequeña cantidad de movimiento parece facilitar el mantenimiento de la actividad. A veces no estamos hablando de levantarse continuamente: puede ser manipular discretamente algo, alternar postura, trabajar durante unos minutos de pie o introducir una pausa motora breve.
🏫 ¿Qué dice la investigación educativa?
Una revisión sistemática de Ruhland y Lange analizó veinte estudios sobre intervenciones de actividad física dentro del aula y encontró resultados globalmente favorables en distintas medidas de atención y comportamiento centrado en la tarea.
Los estudios fueron heterogéneos, por lo que no existe una receta universal. Pero sí tenemos razones para no asumir que permanecer completamente inmóvil constituye siempre la condición ideal para atender.
🔄 La monotonía no es inocua… pero el aula tampoco tiene que convertirse en TikTok
Éste es uno de los puntos en los que determinadas ideas neuroeducativas pueden deformarse fácilmente.
Si sabemos que la novedad puede recuperar la alerta, alguien podría concluir que debemos sorprender al alumnado constantemente: vídeo, música, juego, imagen, pregunta, movimiento, otro vídeo y otra actividad.
No.
El cerebro necesita novedad, pero también estabilidad. Necesita orientarse hacia algo y después disponer de tiempo suficiente para procesarlo, relacionarlo, practicarlo y consolidarlo.
Los buenos profesores hacen algo mucho más sutil. Perciben cuándo la clase empieza a caer. Las miradas se alejan, aparecen movimientos, la respuesta se hace más lenta y comienzan las conversaciones laterales.
Entonces modifican brevemente el estado del grupo. Cambian el tono, formulan una pregunta, cuentan algo inesperado, piden una predicción o introducen una pequeña interacción.
Después vuelven al contenido.
No hace falta entretener permanentemente al cerebro. A veces basta con saber recuperarlo cuando empieza a perderse.
🌙 Y aquí aparece una variable que seguimos infravalorando: el sueño
Hay una pregunta que realizo con mucha frecuencia durante una historia clínica:
«¿Cómo duerme?»
No la hago por completar un formulario.
Un cerebro que no ha descansado correctamente comienza la jornada desde unas condiciones distintas. Esto resulta especialmente evidente en adolescentes, aunque no es exclusivo de ellos.
Podemos estar intentando explicar lentitud, irritabilidad, dificultad para comenzar o fluctuaciones atencionales mediante hipótesis muy complejas y descubrir después que el escolar lleva meses durmiendo claramente menos de lo que necesita.
😴 Qué conviene preguntar
No sólo cuántas horas permanece en la cama. También a qué hora se duerme realmente, cuánto tarda, si existen despertares, qué ocurre con las pantallas y cuánto cambian los horarios durante el fin de semana.
🧠 Por qué importa
El sueño puede relacionarse con atención, velocidad de respuesta, regulación emocional y funcionamiento cognitivo. Ignorarlo puede dificultar enormemente la interpretación de una evaluación.
📊 La puntuación importa, pero no cuenta toda la historia
Las pruebas estandarizadas son fundamentales. Necesitamos procedimientos estructurados y referencias normativas que permitan interpretar adecuadamente un rendimiento.
Sin embargo, existe un riesgo cuando empezamos a tratar una puntuación como si describiese una propiedad completamente fija de la persona.
Una puntuación representa a esa persona realizando esa tarea, en ese momento y bajo unas determinadas condiciones.
Imaginemos un adolescente que llega después de dormir cuatro horas. Durante las primeras pruebas se encuentra lento, comete omisiones y obtiene resultados por debajo de lo esperado.
La puntuación es real.
Pero su estado también.
Ahora imaginemos un niño extremadamente nervioso porque cree que está haciendo un examen. Responde demasiado rápido, pregunta constantemente si lo hace bien y comete errores que desaparecen cuando le permitimos revisar.
También obtenemos puntuaciones reales.
Pero estamos observando una interacción entre capacidad, ansiedad, activación, interpretación de la situación y control ejecutivo.
Lo verdaderamente interesante no son sólo las puntuaciones
Después de miles de evaluaciones, probablemente una de las cosas que más ha modificado mi manera de interpretar una prueba no ha sido ver miles de números.
Ha sido ver miles de maneras diferentes de llegar hasta ellos.
Un percentil puede decirme dónde terminó el rendimiento respecto a una referencia normativa. La observación me ayuda a entender cómo se produjo, qué lo modificó y qué hipótesis merece la pena estudiar después.
🚀 Una observación interesante en algunos escolares con altas capacidades
Hay escolares con altas capacidades que participan intensamente cuando una tarea exige relacionar ideas, descubrir algo nuevo, formular hipótesis o enfrentarse a cierta complejidad.
Sin embargo, pueden desconectar ante veinte operaciones idénticas que dominan desde hace tiempo o ante una ficha cuyo mecanismo comprendieron en los primeros segundos.
Entonces aparece una frase muy habitual:
«Cuando quiere, puede».
El problema es que esa frase mezcla capacidad, voluntad, motivación, interés y activación como si fueran exactamente lo mismo.
No lo son.
🎯 No saber, no poder, no querer… no son sinónimos
Tampoco es exactamente lo mismo no conseguir mantener el estado necesario para realizar de forma eficiente una actividad concreta.
Comprender cuál de estas variables está interviniendo cambia mucho la manera de plantear una intervención.
🏠 Qué podemos observar desde casa
No pretendo que ninguna familia intente diagnosticar el funcionamiento del sistema de activación reticular ascendente observando los deberes. Eso no tendría sentido.
Pero sí podemos aprender a describir mejor.
«Se distrae mucho» contiene poca información.
En cambio, «empieza bien, a los quince minutos pierde claramente el ritmo y después de cinco minutos de pausa vuelve a funcionar» nos está proporcionando un patrón.
Observa cuándo cambia
¿Después de cuánto tiempo empieza a perder rendimiento? ¿Ocurre igual en todas las tareas?
Compara actividades
Lectura, cálculo, estudio, escritura o resolución de problemas pueden producir respuestas muy diferentes.
Comprueba el efecto de una pausa
¿Recupera claramente el rendimiento o una pausa hace que le resulte todavía más difícil volver?
Relaciona funcionamiento y descanso
Observa si los días de peor sueño coinciden con una diferencia clara en atención, velocidad o irritabilidad.
Mira el entorno
Ruido, televisión, conversaciones, movimiento o determinados estímulos pueden modificar mucho el rendimiento de algunos escolares.
🏫 Qué podemos hacer desde el aula
El profesorado dispone de una información extraordinariamente valiosa: puede observar al mismo escolar en momentos, asignaturas, tareas y condiciones muy distintas.
Esa variabilidad aporta información.
📉 Mira la curva
No es igual empezar con un rendimiento bajo que funcionar magníficamente durante diez minutos y desplomarse posteriormente.
🔔 Recupera
Una pregunta, una pequeña interacción o un cambio breve en el ritmo pueden recuperar la disponibilidad sin convertir la clase en entretenimiento permanente.
🪑 Ajusta
La ubicación dentro del aula puede ser especialmente relevante en escolares muy sensibles al movimiento, ruido o estímulos visuales.
Y hay una pregunta que considero especialmente importante antes de interpretar una conducta como voluntaria:
¿Para qué puede estar sirviendo?
¿Por qué se levanta? ¿Por qué toca continuamente algo? ¿Por qué necesita preguntar? ¿Por qué mira alrededor? ¿Por qué comienza bien y cae después?
En ocasiones tendremos que establecer un límite igualmente. Pero comprender la función permite establecer un límite mucho más inteligente.
Dos niños pueden parecer igual de desatentos. El motivo puede no parecerse en nada.
Si las dificultades están afectando al aprendizaje, la autonomía o el bienestar escolar, podemos estudiarlas mediante una evaluación psicopedagógica profunda.
🔎 ¿Qué hace cambiar su atención?
Responde ocho preguntas. No es un test diagnóstico: su utilidad está en ayudarte a observar patrones que quizá hasta ahora habías descrito simplemente como «distracción».
Este recurso es exclusivamente educativo. No dispone de baremos, no es una prueba psicométrica y no permite diagnosticar TDAH, alteraciones del sistema de activación reticular ascendente ni ninguna otra condición.
🔍 La conducta es sólo el resultado final
Después de todo lo anterior podría parecer que este artículo trata únicamente sobre el sistema de activación reticular ascendente.
Para mí trata de algo bastante más importante.
Trata de cómo miramos a un escolar cuando algo no funciona.
El niño que parece ausente quizá no esté simplemente desinteresado. El que se mueve puede estar intentando regular su estado. La niña que mira constantemente a su alrededor quizá no tenga simplemente «poca atención», sino una enorme sensibilidad hacia estímulos que debería poder relegar.
Y el adolescente que obtiene una puntuación baja puede presentar una dificultad real, pero necesitamos comprender también en qué condiciones se ha producido esa puntuación.
Dos escolares pueden estar mirando por la ventana. La conducta es exactamente la misma. El mecanismo que hay debajo puede no parecerse en nada.
Esto no significa que debamos buscar una explicación neurológica para cada conducta ni que desaparezcan conceptos como esfuerzo, aprendizaje, hábitos o responsabilidad.
Significa que, antes de decidir cómo intervenir, conviene saber qué estamos intentando modificar.
Una buena evaluación sirve precisamente para eso: separar variables, formular hipótesis, comprobarlas y comprender qué mecanismos pueden estar interfiriendo con el aprendizaje de ese escolar concreto.
Porque cuando cambia la explicación, muchas veces también tiene que cambiar la intervención.
Las soluciones empiezan por comprender qué está ocurriendo
Si existen dificultades persistentes de atención, aprendizaje, organización o regulación y necesitas estudiarlas con profundidad, puedes contactar conmigo directamente.
❓ Preguntas frecuentes
¿Qué es el sistema de activación reticular ascendente?
Es un conjunto de vías y sistemas cerebrales relacionados con el mantenimiento de la vigilia, la alerta y la regulación del estado de activación cortical. No debe entenderse como un único interruptor ni como el único sistema cerebral relacionado con la atención.
¿Puede un niño estar despierto y no estar disponible para aprender?
Sí. Estar despierto no garantiza que la activación, el descanso, el estado emocional o las condiciones del entorno sean las más adecuadas para una determinada tarea cognitiva.
¿El TDAH está causado por el sistema de activación reticular ascendente?
No. El TDAH es una condición heterogénea en la que intervienen múltiples redes y procesos. La regulación de la activación puede resultar relevante en determinados perfiles, pero no constituye una explicación única.
¿Puede moverse un niño y seguir atendiendo?
Sí. En algunos escolares ciertos movimientos pueden coexistir con un buen rendimiento e incluso formar parte de estrategias de autorregulación. En otros pueden aumentar la distracción. Es necesario observar el efecto real sobre la tarea.
¿Por qué algunos niños atienden mejor ante tareas difíciles?
Una tarea novedosa o cognitivamente exigente puede producir mayor compromiso que otra completamente dominada y repetitiva. Esto no significa que aumentar sistemáticamente la dificultad mejore el aprendizaje.
¿Por qué se pregunta por el sueño en una evaluación psicopedagógica?
Porque el descanso puede modificar atención, velocidad, memoria, regulación emocional y comportamiento. Conocer cómo duerme el escolar ayuda a interpretar correctamente su funcionamiento.
📚 Bibliografía citadas
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