¿Por qué se portan mal?

Pero… ¿por qué se portan mal?
Juan José Millán
@webjjmiles

Es muy habitual escuchar a profesores decir que sus alumnos se portan mal. “¡Hoy están insoportables!”. En las salas de profesores se habla mucho sobre el tema.  Se habla de un determinado alumno, conocido por todo el claustro debido a su mal comportamiento. Pero, ¿se porta tan mal como se dice? ¿Es su fama una merecida y bien ganada? En algunas ocasiones (más bien casi en ninguna) sí, porque lo habitual es que sí haya presentado una conducta no aprobada en clase, o que socialmente no es apropiada. A mí siempre me gusta plantearme lo siguiente: ¿qué porcentaje de ese mal comportamiento es real y qué porcentaje de ese mal comportamiento está en la idea que el profesor tiene de ese alumno? Si es famoso entre el claustro por su “maldad”, cómo no va a portarse mal en clase, si no se le da ni una oportunidad para comportarse bien, pues desde el primer día de curso, el profesor ya está encima de él vigilando, poniendo límites mucho más estrictos que a otros compañeros… Vamos, que desde el primer día parece que le estamos transmitiendo el mensaje: “estoy esperando que portes mal, no me decepciones”.

Hoy inicio una serie de entradas en las que trataré aspectos relacionados con el mal comportamiento. No voy a centrarme en aspectos psicológicos, sino en aspectos más bien fisiológicos, síndromes muy poco conocidos y algún otro aspecto neurofisiopatológico, psiquiátrico o estrictamente fisiopatológico que puede hacer que el estudiante se porte mal, mantenga una conducta social desajustada e incluso se quede colgado durante las explicaciones del aula y sea famoso por “vivir en su mundo”.

Además, el comportamiento especial de estos estudiantes no queda relegado al aula, trasciende al patio y llega a casa, donde muchas veces los padres, desesperados, luchan por conseguir un diagnóstico para poder iniciar una farmacoterapia que, por una parte les quite culpa a la hora de poder justificar su mal comportamiento en una alteración (vivida casi a modo de enfermedad) a la vez que se liberan de su sentimiento negativo como padres al quitarse la responsabilidad de su función paternal en la educación de su hijo.

Personalmente para mí, haber ido conociendo estos diferentes trastornos, síndromes y alteraciones fisiopatológicas me ha sido de gran utilidad no sólo en el mundo de la Neuropsicología Infantil, sino como orientador y como maestro día a día en el aula.

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