La familia como motor emocional y modelo conductual

LA FAMILIA COMO MOTOR EMOCIONAL Y MODELO CONDUCTUAL
Juan José Millán
@webjjmiles

Familias… ¿Cuántas veces escuchamos e incluso participamos en conversaciones de patio, cafés en la sala de profesores, comedor, salida o entrada del Colegio, etc. en las que las familias no salen bien paradas? Una vez propuse a un compañero docente de Primaria anotar en su agenda un asterisco por cada ocasión en la que se viera inmerso en una conversación de esta naturaleza. Al mes esa agenda presentaba una gran cantidad de asteriscos.

¿Es sano mantener esta “batalla” con los padres? ¿Qué se esconde detrás de esta situación? Analicemos dos puntos que pueden ser claves:

PREMISA 1: Las familias son esenciales en la educación. Creo que todos los que nos dedicamos a la educación, bien desde un aula, bien desde un departamento de orientación, bien desde cualquier escalafón educativo, tenemos claro este concepto. Y es que sin él, estamos perdidos. Las familias son aquellas que ofrecen un marco social, cultural, conductual y cognitivo a nuestros estudiantes, sus hijos, quienes llenan en su casa esa mochilita que todos tenemos en la que se cobijan la curiosidad, el interés, las ganas, la motivación y mil cosas más. Y resulta que todos esos pequeños tesoros conectan con la autoestima, con el autoconcepto, con la moral (muy determinada en las familias), y al fin y al cabo con la felicidad. Pero no sólo es esto lo que nos importa. Creo que este es un análisis muy básico, que aun así, muchos docentes debemos realizar cada equis tiempo para no olvidar. Yo quiero hacer referencia a otros puntos:

FAMILIA COMO MOTOR EMOCIONAL: A día de hoy, afortunadamente, ya nadie puede decir que la emoción no es importante en el aprendizaje. ¡Es clave!. En las familias las emociones se dimensionan, y aunque suene contradictorio, se conceptualizan. Me explico. Muchas familias ofrecen una importante carga moral a las emociones. Estas emociones son buenas y estas otras son malas. Incluso se prohíben muchas de ellas. Obviamente no es algo que se trate en un momento determinado de forma verbal. Es relativo a las actitudes. Hay padres que no permiten que su hijo se sienta triste porque sus amigos se han enfadado con él por algún motivo en el Colegio. “Tienes que aprender a tener problemas y a resolverlos”, dicen muchos padres a sus hijos. No puedo estar más de acuerdo, pero por favor, sean empáticos con su hijo. Quizá se esté enfrentando a su primera decepción social. No podemos impedirle sentirla, experimentarla, vivirla con la familia. Señores: su hijo está compartiendo su emoción con ustedes, ¿se lo vamos a prohibir?. Otras familias limitan la alegría de una buena calificación: “es tu obligación, tu deber”. Sin duda. Muy de acuerdo. Pero cuándo usted hace bien algo en su trabajo posiblemente se lo agradezcan, y posiblemente se lo agradezcan a nivel retributivo. ¿Rechaza usted su paga de comisiones por vender bien diciendo que es su trabajo? ¿Rechaza usted un suplemento por haber logrado un cliente nuevo? Rechaza usted un ascenso diciendo que no deben valorar su rendimiento, que es su trabajo y que es lo que tiene que hacer. Me temo que no, no obstante, no podemos impedir a nuestros hijos que disfrutan y se sientan los mejores durante unos minutos. Otra cosa es chantajear, “comprar” sus notas con regalos fuera de lugar y otros terrores que se hacen. Eso es otro cantar. En otras ocasiones hacemos huérfanos emocionales a los hijos: “papá, he metido un gol en el recreo” ¿Y qué hace papá? Seguir leyendo el periódico, o lo que esté haciendo. Entonces mamá, que anda por allí, se convierte en el objetivo del pequeño goleador: “mamá, hoy he metido un gol”. Su ejinético rostro se esconde tras un “muy bien hijo”, que realmente significa un “ahora no tengo tiempo para que me cuentes el recreo”… claro, todo esto si es que los padres están en casa al volver los hijos del Colegio. ¿Por qué no educamos a los padres en facilitadores emocionales de sus hijos en vez de luchar con ellos por cuestiones como estas? ¿Por qué no les explicamos lo importante de dejar a sus hijos vivir, expresar, experimentar y acertar o equivocarse con sus emociones?

FAMILIA COMO MODELO CONDUCTUAL: Sí, tantas veces se ha explicado esto en mi despacho y en mi consulta que en ocasiones me sorprendo en medio de un atasco repitiéndome los “grandes éxitos” de este discurso a modo de hit musical. Los niños observan y aprenden la observación. No hago referencia a conductas simples, a respuestas a situaciones determinadas ni a otras tantas cosas, no. Voy más allá: aprendizaje. El niño observa a su familia y observa las conductas que lleva a cabo y en base a ellas los resultados que obtienen. El niño hace una relación directísima entre conductas y resultados. Cuando él busque un resultado, llevará a cabo dicha conducta. Peleas en el patio, un gran ejemplo. Cuando me ha tocado tratar este tema con algunos padres de niños que se pegan en el patio sin una explicación clara (no hay explicación a la violencia, pero a vece se encuentra ausencia de repertorio conductual, estados de ansiedad muy superiores al rasgo, patrones conductuales determinados, etc.) trato de charlar con los padres y ver cómo reaccionan ellos frente al conflicto. A veces no hace falta más que observar en el parking del Colegio o preguntarles por cómo ha ido su mañana en el atasco de camino a trabajar. Rápidamente salta algo que nos llama la atención en muchos casos. Mi opinión es que no debemos criticar este estilo conductual de los padres, no. Apropiado o no, ellos ya son adultos y dueños de su vida, pero debemos explicarles la influencia de esas conductas en la vida de sus hijos. Yo a veces lo explico desde la cohibición y desde la negación a permitirle crear un estilo propio de resolución de conflictos. Obviamente no sólo hago referencia a las peleas: esfuerzo, socialización, relación con adultos, etc., todo ello, viene en un elevado grado determinado por el modelo de la familia. ¿Por qué no se lo contamos en vez de moralizar su conducta o resultarles agresores de su modo de vida?

No nos engañemos, es fundamental que nos vean y que seamos facilitadores de soluciones, comprensivos, empáticos y atentos. Su hijo es único, como para cada padre y madre el suyo. Es lo más importante del mundo. Así tenemos que tratarles, y así tienen que ver que lo hacemos.

Comenzar a trabajar con los padres la gestión emocional de sus hijos y a ellos mismos como modelos conductuales es un buen inicio. Posteriormente, habrá más. Mucho más. Pero empezar por aquí… es un gran comienzo.

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