Evaluación de la escritura y de la lectura

A raíz de la entrada publicada ayer “Marta aprende a escribir”, me han llegado algunos mails y mensajes en los que me preguntáis cómo se puede realizar una correcta evaluación de estas instancias. Lo más importante es que dicha evaluación sea llevada a cabo por personas con los conocimientos y la experiencia necesaria. Los profesionales apropiados son los Psicopedagogos o los Psicólogos Infantiles con experiencia escolar. Es muy importante saber cómo son los Colegios y cómo se funciona en ellos. Se va a necesitar del concurso de otros profesionales para la evaluación: psicomotricista, logopeda y neuropsicólogo infantil.

Lo primero es realizar una anamnesis o historia clínica. La anamnesis que yo empleo consta de 12 páginas llenas de preguntas. Sí, es muy larga, pero es que no puedo ponerme a trabajar con alguien sin conocer bien su historia. Realizo preguntas de muy diversa naturaleza: relación de los padres durante el embarazo, alimentación de la madre, consumo de fármacos durante el mismo, hitos a destacar durante el embarazo, datos sobre el feto o el embrión si se conservan, si es posible bioquímica del primer trimestre… Tras todos estos datos prenatales y otros muchos más, me intereso por los perinatales: me interesa saber si el parto fue a término o no, si fe eutócico o distócico (sin instrumental o con instrumental), si fue vaginal o se practicó cesárea, etc. Al nacer le realizan una prueba al neonato: APGAR, su puntuación también es importante. Iniciamos la fase postnatal, en la que todos los hitos del desarrollo del neonato hasta que se convierte en niño tras ser lactante importan: aparición y extinción de reflejos, sonrisa social, balbuceo, primeras palabras, gateo, inicio de la bipedestación, marcha, etc. La alimentación es clave también, así como el consumo de fármacos, en concreto antibióticos, hospitalizaciones prolongadas, higiene, horas de sueño, etc.

Una vez que contamos con esta historia clínica, hay que realizar una primera reunión con los padres para escuchar de primera mano en qué consiste la dificultad que presenta su hijo. Escuchar a los profesores del Colegio también es importante, y no es tan complicado, no siempre es necesario desplazarse a los Centros, pese a ser recomendable, a día de hoy tenemos muy sencilla esta tarea. Muchos de ellos incluso agradecen el uso de Skype o de otros sistemas similares. También se puede llamar. Antes de ponernos con el niño, nos gusta ver su cuaderno de Lengua, el de Matemáticas, conocer el estilo educativo de su Colegio, etc.

En este punto ya rondan la cabeza algunas hipótesis y ello me ayuda a diseñar un protocolo de evaluación completo. Antes de adentrarnos en las pruebas quiero marcar la importancia de los resultados. No deben interpretarse únicamente de forma cuantitativa, es decir, no sólo hemos de ir al número, a las tablas y la interpretación de ese valor o percentil. No. Para eso diseñamos un software que lo haga y listo. El componente humano nos sirve en este caso para interpretar (esa mágica acción desconocida por muchos evaluadores), para ir al aspecto cualitativo donde, amigos míos, se encuentra siempre la diferencia, donde se hila fino, donde aparecen las claves para dar con el problema y, obviamente, para diseñar la intervención

Comenzamos con diferentes pruebas de lateralidad (no falta nunca el test de Harris), organización espacial, esquema corporal e integración auditiva. Posteriormente realizo casi siempre el test de Bender, prueba de coordinación visomotora que también puede ofrecernos algunos indicadores emocionales. En algunos casos aplico otras pruebas similares tales como el Test de copia de una figura compleja (Test de REY) o el Test de Retención Visual de Benton, a partir del cual me planteo si aplicar o no la Escala Magallanes de Atención Visual (EMAV) o la Escala Magallanes de Lectura y Escritura (EMLE). Estas últimas no siempre las aplico, me ofrecen una información complementaria que en ocasiones no me resulta necesaria tras el resto de pruebas. A continuación os dejo algún elemento característico de dichas pruebas. Tengo programada una entrada acerca del test de Bender. Cuando la tenga lista la enlazaré desde aquí.

 

Pasadas estas pruebas ya obtenemos una importante información sobre el procesamiento visual y visomotriz del niño así como algunos datos sobre su atención y sus procesos de lectura y escritura. Ahora me interesa realizar alguna serie de baterías de pruebas para valorar su desarrollo cognitivo. Podría haber escrito que se trata de pruebas para valorar su Cociente Intelectual, pero no. La verdad que el valor obtenido no deja de ser una cifra más, entre 80 y 120 de CI he visto rendimientos tan variables… Mejores en mucho casos los de 80 de CI motivados y trabajadores que los de 100 sin motivación. Me interesa la ejecución de las pruebas y observar dónde se encuentran dificultades. Aplico varias pruebas. WISC: en mis inicios funcionaba con el WISC-R, ahora ya tenemos el WISC IV. Suelo aplicar este último y además, algunas actividades del R ya que me dan una posibilidad de interpretación neuropsicológica que el IV no me ofrece. Esta prueba la aplico siempre que el niño tiene más de 7-8 años. Entre los 6 y los 8 valoro si aplicar esta prueba o la que aplico a niños más pequeños: la escala McArthy. Interesantísima para obtener muchísimas información. La mayor parte de los niños que veo en consulta por dificultades de escritura o lectura suelen rondar los 8 – 9 años, por lo que suelo hacer uso de los WISC. Siempre aplico también el test de Raven, de matrices progresivas, en concreto la escala de color. Sorprendente la correlación en resultado que presenta con el WISC-R Después de 10 años haciendo uso de ambas herramientas, disincronías entre sus resultados siempre deben hacernos encender la luz de alerta.

A estas alturas ya hemos invertido unas cuantas horas en la evaluación, y aun nos queda bastante trabajo por hacer. Vamos a realizar ahora unas pruebas llamadas proyectivas, que nos sirven para conocer cómo el niño ve su entorno, a sí mismo, a su familia, qué defensas emplea, etc., de una forma en la que no tenga que hablar directamente de ello. Sí. Cuando a mí me contaron en la carrera que a través de dibujos se podían saber muchas cosas no me lo tomé muy en serio, pero cuando comencé a aplicarlo y ver que daba en el clavo, hice de estas herramientas algo esencial en mi práctica evaluadora. Uso habitualmente el HTP (consistente en dibujar una casa, un árbol y una persona), el dibujo de la persona bajo la lluvia, Test del dibujo de la Familia, y en algunas ocasiones hago uso de ciertos campos del Test de Rorschach. Tras la aplicación del HTP, aplico unos indicadores (indicadores de Kopitz) sobre el dibujo de la persona para poder extraer un nuevo valor con el que confrontar la capacidad cognitiva. Nuevamente su correlación con WISC-R y Raven es sorprendente.

La evaluación neuropsicológica se trabaja a veces al inicio del proceso evaluador, en ocasiones de forma salteada entre prueba y prueba (siempre teniendo en cuenta los niveles de exigencia de las pruebas dado que la fatiga puede generar sesgo en la ejecución de otras). Inicio el trabajo con una prueba de screening denominada M-ENPR. Esta escala es una escala creada por mí, con la que llevo trabajando más de seis años. No está baremada, aunque contamos ya con datos de sobra para hacerlo, pero como anticipaba anteriormente, lo que más me interesa de esta prueba es la interpretación cualitativa. Mide consciencia, orientación en tiempo espacio y persona, memoria numérica, memoria linguística, praxias, memoria de trabajo, inmediata y a corto plazo, atención y recuerdo, razonamiento y juicio, comprensión, denominación, ejecución de órdenes escritas, fluidez verbal, praxias, reconocimiento visual y escritura. En algunas ocasiones valoro la funcionalidad interhemisférica, ya que en ocasiones se observan indicios de mínima afectación.  A partir de ahí decido en qué debo entrar con más profundidad. Algo que siempre valoro, pues es uno de los campos más importantes, o que al menos a mí más información me aportan en muy diversos cuadros, es el de la función ejecutiva. Para analizarla aplico pruebas de Stroop, cartas de Wisconsin, Torre de Hanoi. Es muy importante al evaluar lenguaje (escritura y lectura) valorar praxias, y coordinación y velocidad manual así como la retención visual y el control motor. Posteriormente me acerco a otros campos como el del lenguaje aplicando pruebas tales como el test de denominación de Boston.

Una vez llegados a este punto, aplico una prueba de escritura no baremada en la que propongo al niño que escriba un texto libre en primer lugar, seguido de una copia y para finalizar un dictado. Posteriormente paso a una prueba de lectura, donde valoro lectura mecánica, comprensiva y posteriormente registro todos los errores cometidos: inversiones, paralectura, invenciones, omisiones, agregados… casi, casi igual que en la escritura.

A partir de entonces decido si sigo aplicando pruebas o no. Si sigo aplicando pruebas ya será en función de qué he observado o qué no termina de encajarme. Pruebas muy habituales en este punto son el Test de Análisis de Lecto Escritura (TALE), Batería de Evaluación de los Procesos Lectores (PROLEC/ PROLEC-R) y la Batería de Evaluación de los Procesos de Escritura (PROESC).

Además de estas pruebas, conviene siempre aplicar algunas pruebas para medir otros aspectos tales como la ansiedad (me gustan mucho STAI y STAIC), algún screening de estado de ánimo (el Test de Goldberg es muy útil, en pocas preguntas obtenemos indicadores clínicos). No podemos olvidar valorar el estado emocional del niño, así como su lenguaje emocional y su educación emocional. A muchos sigue sorprendiendo que la emoción sea clave en el aprendizaje, pero así es fisiológica y neuropsicológicamente la emoción y ciertos neurotransmisores son piezas fundamentales en el aprendizaje. También puede resultar interesante aplicar pruebas para estudiar cómo aprende ese niño, qué estrategias de aprendizaje presenta, factores motivacionales. En ocasiones un test de personalidad tipo CPQ o 16PF puede resultar interesante para complementar ciertos aspectos observados en las pruebas proyectivas.

El Universo de pruebas a aplicar es muy amplio. No siempre aplico todas las pruebas que he descrito, ni las que aplico son siempre las mismas cuando evalúo a un niño por dificultades en lectura o aprendizaje. Esto es muy importante ya que debemos olvidarnos de los estándares de evaluación. Ningún niño es como otro y tampoco ninguna dificultad es igual que otra, por lo que debemos evaluar al niño en concreto, no en base a su dificultad. Si seguimos esta premisa lograremos individualizar la evaluación y dar con una problemática concreta y, por ende, con un diseño de intervención apropiado, en el que también debemos huir de estándares. Me horripila ver: “método de recuperación de dislexia”, “actividades para trabajar la lectura”. No. Hay que elaborar un método o catálogo de actividades para cada niño y para cada dificultad.

Igual de importante que lo descrito sobre cómo seleccionar las pruebas es la interpretación que de cada una de ellas se realiza y, además, la interpretación que se obtiene del conjunto de las mismas. Por este motivo los informes habituales constan de una parte en la que se ofrecen los resultados de las pruebas aplicadas, y otro en el que se ofrece la interpretación de los resultados además del punto de conclusiones. La interpretación de una evaluación, siempre pongo este ejemplo, es como si de pronto nuestra tarea fuera la del pintor al que se le encarga un lienzo rico en policromía. Cuantas más evidencias tengamos a partir de las pruebas aplicadas (colores) más rica será nuestra interpretación (resultado cromático final). Por tanto, si tu hijo va a ser  o necesita ser evaluado, busca a un evaluador que no sólo tenga experiencia evaluando, sino que conozca bien la vida escolar, que tenga una titulación que le capacite para ello y que huya de etiquetas diagnósticas, estándares o modelos de intervención diseñados, permitidme la expresión, “a capón”.

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