EL IDEARIO DE CENTRO

El texto que se propone a continuación es una reedición en la que no se han realizado cambios. Estuvo publicado en Red Docente, hasta el fin de su existencia. Motivo por el cual, hoy se publica nuevamente aquí. 


El diccionario de la R.A.E. define ideario como un “repertorio de las principales ideas de un autor, de una escuela o de una colectividad”. ¿Es así como se debe entender? Quizá una autor tenga un ideario político comunista o de extrema derecha, con todas las connotaciones que puedan aparejarse. Una colectividad, una empresa comercial, también tiene unos puntos en los que se basa su filosofía. Una escuela… una escuela tiene que tener mucho más que una simple declaración de intenciones, principios o ideas.

Evidentemente, nuestra tradición democrática, comenzó gestando una carta magna, fruto, como usted bien sabrá, del miedo a las décadas que la precedían, la grandiosidad de los legisladores europeos, entre ellos los franceses, y un talante moderno. Todo ello se adornó con un hermetismo propio del Barroco, y una infinidad de artículos, disposiciones derogatorias, transitorias, finales, que no hacen más que encaminarla hacia hermanas menores como leyes orgánicas, disposiciones legislativas, etc. Artículos y artículos en capítulos y capítulos que se desarrollan a lo largo de título y títulos… ¿y la educación?

Los centros han de tener un ideario bien definido, bien específico. En él, desde mi punto de vista, han de mostrar sus señas de identidad, el qué hace que ese centro educativo difiera de otro que se sitúa a cien metros.

Pero que exista un ideario de centro que se ajuste a derecho, y se fundamente en los principios del estado democrático de derecho, no es tan sencillo de fundamentar ni de conseguir.

Primer problema serio que se plantea sobre la naturaleza de los centros: ¿enseñanza pública, gratuita y laica? ¿o por el contrario múltiples ofertas privadas y aconfesionales? Evidentemente un solo tipo de escuela, con un mismo ideario, ofrecería un cierto grado de homogeneidad, pero no sería propicio para nuestros alumnos. Sin embargo la heterogeneidad de una sociedad como la española, en la que las escuelas son de muy distinto carácter, ofrece un grado de elección que obliga a los ciudadanos a ejercer su derecho a la libertad y a ser consecuentes con su ideología. El problema se encuentra al romper el “principio de no discriminación” y a introducir “idearios parciales”.

Una segunda cuestión que me planteo es: Si respondemos a la finalidad de la escuela, por defecto, encontraremos nuestro ideario. Yo considero que la finalidad es formar, primero ciudadanos, y segundo, libres. Y ahora me planteo a modo de ejemplo: ¿Puede un estudiante educado bajo una formación religiosa ser libre? ¿Y educado sin formación religiosa? En ambos casos la respuesta creo que es no. ¿Cómo ofrecer a un alumno esa educación integral? ¿Cómo abrirle la llave de la libertad? ¿Cómo enseñarle a obrar por sí mismo? ¿Cómo suscitar su espíritu crítico? Kant, en el artículo que Adela Cortina publica en el diario El País el día 11 de febrero de 2004, nos da la respuesta: “Sólo por la educación el hombre puede llegar a ser hombre. No es sino lo que la educación le hace ser”. Me gustaría subrayar la palabra educación, que difiere de la enseñanza. Ideario y educación, en un centro, creo que siempre deben ir de la mano. Y afortunadamente, Cortina se plantea a continuación si “hemos de educar a los jóvenes de acuerdo con la situación presente, o de acuerdo con un futuro mejor”. Creo que estas dos líneas ofrecen una visión particular y excelente de la educación. Creo que educar en el mundo presente con la finalidad de ofrecer un futuro mejor y hacer que los alumnos sean ciudadanos motores de cambio sería lo propio.

He expuesto el qué, ahora procede describir el cómo.

No cabe la menor duda de que la única forma de hacerlo es explicitando nuestros fines por escrito con una triple finalidad:

  • Primera para que los padres de los alumnos y ellos mismos sepan qué van a encontrar en el centro y qué prima en él.
  • Segunda para los docentes, que resultan imprescindibles, que sabrán qué esperan de ellos alumnos, padres y centro.
  • Tercera como motor social que promueva el cambio y la renovación, que tienda hacia una adquisición de conocimientos instrumental más que como mera colección de conceptos.

Ahora bien… ¿hay equidad? Es complejo tratar este aspecto sin abordar dilemas éticos y morales. Hasta qué punto la escuela pública, sus alumnos, sus docentes, su comunidad educativa, sus recursos, sus servicios, sus materiales… no cuentan con ventajas o inconvenientes frente a la privada en diversos aspectos.

Hasta qué punto el ideario de un centro público se equipara al de uno privado o viceversa.

Visto lo visto, considero que la escuela pública evidentemente hace muestra de un ideario, pero uno que quizá sea más común a todos los centros educativos públicos. Para ser más gráfico diría que sería un ideario de mínimos (no cuantitativamente), pero un ideario que se cumple al cien por cien en casi el cien por cien de los centros. La escuela privada ofrece diversas muestras de su ideario: Los centros religiosos hacen uso de su ideario centrado en los valores que van a transmitir y en los principios de su fundador o fundadora. Los centros privados concertados y seglares, tienen un ideario de centro que funciona al 50 por ciento, a diferencia de los centros privados, que son empresas cuyos clientes son padres, en los que el niño apenas interesa y el ideario de centro queda relegado a funciones de marketing y técnicas de venta.

Ideario de centro funcional o no. Ideario de centro propagandístico o no. Ideario de centro sí. Las escuelas públicas deben tenerlo y así hacen, pues tienen una entidad, aunque desde mi punto de vista, hay más similitud entre los de las escuelas públicas que entre los de las privadas.

Sin duda alguna, Aristóteles, en su ética, habla de la virtud… es precisa la virtud en un ideario de centro. Creo que no. Creo que el ideario de centro debe ofrecer el lado más ambicioso, real y factible, pues como he señalado anteriormente, ideario y educación son crucialmente inseparables, y así, desde mi punto de vista, deben permanecer.

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