El efecto Iceberg

EL EFECTO ICEBERG

en el proceso de elección vocacional

Todos nos hemos encontrado en la necesidad de tomar decisiones, de hacer elecciones. Nunca ha resultado sencillo cuando nuestra decisión iba a ser determinante para nosotros. A día de hoy llevamos a cabo procesos de toma de decisiones que nos hacen dormir mal, nos generan ansiedad e incluso hacen que nos comportemos de una forma un tanto arisca con familiares, compañeros y amigos.

A los 17- 18 años, nuestros jóvenes tienen que enfrentarse a una decisión importante: ¿a qué voy a dedicarme el resto de mi vida? Y claro, es una decisión importante fruto de un proceso de toma de decisiones bastante complejo y elaborado.

CONDICIONANTES INICIALES

Existen, sin duda alguna. La familia y los amigos son un condicionante inicial importante tanto en sentido positivo como en sentido negativo. Hijos que quieren estudiar lo mismo que sus padres porque “es tradición familiar”, “porque me obligan”, “porque no hay otra cosa que me guste más”, etc. Claro, ellos están decididos desde pequeños a realizar esos estudios que le conducirán a realizar, en teoría, el mismo trabajo que su padre o que su madre, o aquel trabajo que sus padres han decidido que es bueno para ellos. En este último caso la cosa se complica bastante más pues, la decisión gira en torno a algunas variables realmente inestables como: “le hará feliz”, “le dará dinero”, “le permitirá viajar”… y tal vez su hijo sería feliz haciendo lo que le gusta, no tenga como interés primordial el dinero y no quiera o no le guste dedicar su día a día a viajar.

TENDENCIAS E INFLUENCIA

Hoy que tan de moda están ambos conceptos voy a emplearlos para ir a hablar sobre algo bien antiguo: la TV y su influencia sobre nuestros jóvenes. Si ya en su momento Emergencias, House, Anatomía de Grey, Hospital Central, Trauma o Código Negro (aunque tal vez sea ésta más reciente) hicieron que los estudios de Medicina se situaran casi como un imposible, es ahora cuando Master Chef, pesadilla en la cocina, Top Chef, Torres en la cocina, etc., están haciendo que los estudios de cocina comiencen a ser muy, muy demandados. Curiosamente en ambos casos se juntan dos aspectos bien curiosos. El mundo de los chefs está lejos de mi campo de conocimiento, pero no así el de la Medicina, y que dad que he pasado algún tiempo en dicha Facultad, me permite hacer un análisis que he podido comparar con conocidos que sí tienen al mundo de la cocina como gran referente profesional. En ambas aulas, se juntan tres grupos bien diferenciados de estudiantes que en otros estudios podemos ampliar a cuatro:

  • Grupo A o grupo de mi padre/madre es Médico/Chef: más que por pura vocación, más bien por imposición o por imposibilidad de barajar opciones, entran a estos estudios después de, en el caso de Medicina, haberse desesperado por una décima en cada examen. Conocen bien el estilo de vida de esas profesiones y tienen claro qué pueden esperar de ellas, pero… ¿es lo que realmente quieren? En otros estudios también entran en este grupo A aquellos que estudian una carrera porque su mejor amigo/a también la estudia o porque a sus familiares les resulta una carrera de interés y casi, casi le obligan.
  • Grupo B o me fascina la serie o programa equis y quiero ser así: sin duda van encaminados al fracaso personal y profesional, salvo excepciones. Se sienten atraídos por una falsa imagen de Médicos todopoderosos atractivos y que se ven envueltos continuamente en truculentas relaciones sentimentales, o se ven envueltos de fama y lujosos restaurantes que regentar al estilo de los conductores de estos programas cuando la realidad es más bien diferente. Otro grupo que realmente va encaminado hacia una profesión que le enseñará qué es dormir poco, qué es despertarse antes que casi todos los demás profesionales y trabajar más de 70 horas semanales para después no tener ganas de historias sentimentales como en aquellas series o de salir a degustar diferentes platos…
  • Grupo C o esto es lo que quiero: Es el extraño grupo que ha buceado bien en el mar de la elección vocacional y ha conseguido aventurarse en estos estudios al estar convenido de ser aquello que desean.
  • Grupo D o “he acabado aquí”: “No sabía que estudiar y a última hora me decidí por estos estudios”, “Dudaba entre X e Y y finalmente me decanté por esto porque en algo tenía que matricularme”. El azar en muchas ocasiones es el elector de los estudios.

ICEBERG A LA VISTA

Cuando comenzamos los procesos de toma de decisiones es frecuente encontrarnos con una programación amplia y bien pensada: voy a darles una serie de herramientas para que busquen información, voy a traer a profesionales y a antiguos estudiantes del Colegio para que cuenten su experiencia, además les voy a aplicar diferentes baterías… Muy bien. Creo que esto lo hacemos en casi todos los Colegios. ¿Sirve? Sí y no. Sí porque son actividades importantísimas, como ir a visitar Universidades y otros Centros de Estudios. No porque al que no tiene claro lo que quiere o al que quiere hacer muchas cosas muy diferentes, rara vez le ayudan a decidirse.

Cuando realizo mis sesiones de consejo orientador siempre pienso en el Iceberg y en su efecto devastador para la elección vocacional.

Os presento lo que denomino efecto Iceberg:

EL EFECTO ICEBERG

Cuando un estudiante comienza a explicar que va a realizar unos estudios determinados porque …

  • “Quiero estudiar….” (sin más explicación)
  • “Me gusta el trabajo de…” (aunque realmente no lo conoce bien)
  • “No me gusta los estudios de…” (y no conoce las asignaturas que tiene en primer curso, por ejemplo)

…cuando me dicen estas cosas entiendo que estamos ante un claro ejemplo Iceberg, o lo que es lo mismo, el estudiante está tomando decisiones de un modo realmente superficial, centrándose en lo aparente sin profundizar ni valorar el sustento que debieran tener dichas afirmaciones.

¿CÓMO EVITAR EL EFECTO ICEBERG?

Yo tengo siempre una pequeña tabla con la que valoro dichos aspectos y que creao a partir  de un detenido análisis de cada uno de los siguientes aspectos:

  • Información académica: entiendo esencial que el estudiante haya buceado durante un buen número de horas en las páginas Webs de las Universidades, en sus planes de estudios, que haya comparado carreras y planes de estudios de diferentes Universidades. Este dato para mí es esencial.
  • Información profesional: siempre recomiendo a los estudiantes que comiencen su proceso de toma de decisiones buscando ofertas de empleo. Navegar por diferentes portales de empleo puede darnos una idea real de lo que más adelante explicaré a la hora de hablar de estilos de vida. También en este bloque, es imprescindible que el estudiante sepa qué tipos de trabajo se derivarán de la carrera que va a estudiar. No todos los abogados son penalistas ni todos los médicos salvan vidas a diario. No todos los profesores dan clase en primero de Primaria, ni todos los Psicólogos tienen como pacientes a trastornados criminales. Que un estudiante sepa bien a dónde le llevan los estudios y a qué tipo de trabajos puede optar una vez finalizados éstos es realmente esencial para valorar su nivel de elección vocacional. Un punto importante para trabajar este campo es dar el salto a los estudios de postgrado y valorar itinerarios académicos. Muchos estudiantes llegan a la decisión de que la carrera que van a estudiar no les gusta mucho pero sí el trabajo, ya que lo han conocido de primera mano. Efectivamente, unos años de formación no son nada en comparación con el resto de la vida.
  • Madurez vocacional: sin duda a la madurez vocacional se llega tras un buen tiempo tratando de realizar una toma de decisiones bien meditada y bien argumentada, más allá de los “es que mi padre….”, “es que mis amigos….”, y más parecido a cosas como “me resulta más interesante conocer el cuerpo humano que las leyes…”. Valorar el grado de realismo que hay en la decisión y el grado de autoimplicación que hay en el proceso en sí son aspectos esenciales. Para ello debe haber existido un tanteo previo así como una adecuación de sus reflexiones vocacionales, llamémoslas así, con sus rasgos personales, y para este área es esencial trabajar el siguiente punto.
  • Autoconocimiento e intereses: conocerse es una tarea compleja y más si se trata de hacerlo en un momento como la adolescencia. Desde los Colegios e Institutos hemos de ayudarles mediante actividades diseñadas a tal efecto en PAT con la intención de lograr un grado de autoconocimiento que les permita definir qué les gusta y qué no, estructurar su valores, conocer aquello a lo que darán valor, lo que les mueve por dentro y lo que les genera inquietud y ganas de conocer más. Si hilamos bien dichas actividades, habremos conseguido trazar un plano de intereses. Es un trabajo complicado y que requiere de la implicación activa de los tutores y, sin duda alguna, de las familias, a las que hemos de incluir en este proceso sí o sí.
  • Intereses cristalizados: mucho se ha hablado de los intereses cristalizados y mucha literatura al respecto podemos encontrar sobre este concepto, no obstante, yo hablo siempre de un interés cristalizado, a nivel de ESO y Bachillerato, cuando observo que es un interés que surge hace algún tiempo, es decir, que no es una idea reciente, y que se ha ido construyendo en torno a ella logrando alcanzar un interés secundario o terciario, derivado de esa idea inicial.
  • Estilos de vida: relacionadísimo con el autonocimiento e intereses. Sería responder a preguntas como qué valora más: tiempo libre, remuneración, valoración social, trabajo en equipo o individual, horarios flexibles, largos turnos de trabajo y días de descanso frente a jornadas “normales” y pocos días de descanso… etc. Muchas veces podemos amar una profesión pero el ritmo de vida que nos plantea es completamente contrario a lo que queremos, motivo por el que podemos llegar a sentirnos realmente infelices. Valorar que los estilos de vida deseados concuerdan con los estilos de vida de nuestra deseada profesión será un punto importantísimo de cara a valorar su elección vocacional.
  • Valores: los valores son realmente importantes. Muchas veces son esenciales de cara a decidir los estudios. Su estudio debe partir del autoconocimiento y de los intereses. Sin duda un campo muy importante que también se pasea por el de los estilos de vida. Nuevamente la congruencia entre lo deseado y lo que se percibe será esencial. Una decisión que no cuenta con los valores de una persona, es una decisión que, en la mayoría de los casos, va directa al fracaso.
  • ¿Qué busco en un trabajo? Queda claro cuando somos adultos que para unos el trabajo es un medio para vivir y para otros es un estilo de vida. ¿Qué buscan nuestros estudiantes? ¿Qué esperan de su trabajo futuro? Trabajos que cada día puedan ser diferentes, metas a corto plazo, a largo plazo, un trabajo muy activo, de oficina, etc. Otra vez: congruencia.

Una vez analizados todos los aspectos podemos tener claro qué grado de profundidad maneja el estudiante en su elección vocacional. Será de gran interés conocerlo tanto para nosotros orientadores como para ellos, principales actores de su propia vida.

UN ÚLTIMO PASO

Entonces, llegamos al punto de la elección de Universidad, donde vemos este efecto Iceberg también en aquellos que toman la decisión por cercanía con su domicilio, amigos, conexión de transportes… Debemos invitarles a que tomen la decisión en base a: programas de estudios, prácticas, itinerarios, posibilidades de estancias en otros países, programas de postrado, grupos de investigación, etc. Invitémosles a visitar la Universidad en su jornada de puertas abiertas, a acercarse por las aulas, a palpar el ambiente del campus, a charlar con otros estudiantes…

DECISIONES

La orientación no es un campo sencillo, vuelvo a esa toma de decisiones de la que hablaba al inicio de la entrada. Si ya nos genera una situación complicada a nosotros, adultos, sumémosle el tener que hacer un montón de exámenes, Selectividad (o como se llame en diferentes momentos), sacar una nota determinada… y combatir a la adolescencia en ese punto en el que creemos que ya somos adultos.

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